lunes, 17 de noviembre de 2014

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Entrevista a Eugenio Hernández Espinosa

Les comparto la entrevista a Eugenio Hernández Espinosa con la que Alberto Curbelo cierra su libro testimonio «La pupila negra: Teatro y terruño en Eugenio Hernández Espinosa», Mención del Premio UNEAC 2009 (inédito), publicada recientemente por la revista Esquife.

Revolución, tu cura han sido los hombres
(Entrevista al dramaturgo Eugenio Hernández Espinosa) *

Por Alberto Curbelo

«Las revoluciones, por muy individuales que parezcan, son obra de muchas voluntades».
Carta al general Antonio Maceo, José Martí

La dramaturgia de Eugenio Hernández Espinosa Premio Nacional de Teatro renueva y eleva a la condición de notable tragedia la vida y las rutas del negro en Cuba. Obra a obra, de un género a otro, ya sea en la colonia, en la República o abordando los medulares conflictos que han sacudido la sociedad cubana después de 1959, Eugenio no ha dejado de correr el riesgo de remar a contracorriente y de posesionarse, con su experimentación lingüística y cimarronaje filosófico, de un teatro insular que da cabida a todo el mundo caribeño.
Maestro, después de todos los sinsabores que le ha reparado su obstinación por ser fiel a sí mismo, ¿su energía creadora sigue intacta?
Como también mi capacidad para hacer razonar.
¿Esa capacidad suya, que no se reduce únicamente a la percepción de lo inmediato o circunstancial, típica de un dramaturgo, no lo distancia en algo del escenario en que realmente vive?
Al contrario. Veo la vida con radiante ingenuidad. Sólo la ingenuidad —como la poesía— nos permite redescubrir las verdades de la vida; nos hace observar perspicazmente la realidad.
¿Siente usted alguna nostalgia por el joven dramaturgo de la década del sesenta?
Naturalmente. Pero yo no he dejado de escribir. En 1971 escribí Mi socio Manolo y, dos años más tarde, La Simona; en la década del ochenta, una parte importante de mis patakines, Tomasita baila el son, mi primera obra de teatro para niños; después, otras piezas para títeres, de teatro del absurdo, comedias, dramas históricos y sociales. Obras que concretan mi mirada como dramaturgo y que abarcan temáticas que no hubiese podido abordar en la década del sesenta. Como, por ejemplo, Delirium Tremens.


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