viernes, 15 de agosto de 2014

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ENTREVISTA A CLAUDIO LEDESMA

ENTREVISTA A CLAUDIO LEDESMA

Por Ana Cuevas Unamuno


Acordamos un encuentro en una mañana soleada. A pesar de haber pensado varias preguntas por si algo se me olvidaba, la charla resultó tan grata y rica que se deslizó por sí misma. Así resultó que mis preguntas se tornaron breves, las respuestas de Claudio abarcaban toda inquietud, al brindar generosamente tanta información. Me queda decir, antes de compartirles la entrevista, que fue un verdadero placer compartir ese tiempo con un hombre que derrocha entusiasmo y energía gozosa por todos los poros y que por sobre todo no renuncia a los sueños.
Señoras y señores los dejo con la entrevista….  

Ana —¿Cómo empezó tu encuentro con los cuentos y la narración?

Claudio —No fue desde siempre, ni es algo que me viene de familia. Mis padres son de la provincia de Tucumán, gente muy sencilla. Se conocieron en Buenos Aires, se instalaron en San Telmo y se fueron trayendo hermanos, familiares, eso y el trabajo eran sus prioridades, no el arte. Recién descubrí el teatro cuando empecé el colegio secundario. Tendría 12 años cuando me llevaron por primera vez a ver una obra. Yo hasta ese entonces desconocía que la calle Corrientes era la calle de los teatros, la calle Lavalle de los cines, porque nunca había ido. Como te conté, había otras urgencias en mi familia, otras prioridades, que no hacían al mundo del arte. Fue la escuela la que me llevó al teatro Roma de Avellaneda a ver la obra “Made in Lanús”. Al verla sentí que me atravesaba, que quería hacer eso, pero no sabía que se estudiaba, ni dónde, ni cómo, pero ¡quería hacer eso!
En ese tiempo estudiaba en Barracas, en el Joaquín Gonzales, y al día siguiente me acuerdo que salí para ir al colegio pero en cambio me subí a un colectivo y me fui al teatro, fui a la fuente, a lo que conocía. Llegué, golpee la ventanilla del boletero, y le dije que quería estudiar teatro, y el tipo me dijo que sí pero que ahí no se estudiaba, que había una escuela en la otra cuadra que era la escuela del teatro Roma de Avellaneda, y ahí fui, pero no me pude anotar porque había que tener aprobado el tercer año del secundario, que era el ciclo básico y yo recién estaba en primero. El destino estaba a mi favor y ese mismo día encontré una revista barrial en la que había un anuncio de unas clases de teatro en el pasaje San Lorenzo, de San Telmo, en un centro de jubilados que se llamaba “Nueva vida”, nombre emblemático si los hay. Ahí comencé a estudiar teatro los días martes, con jubilados, gente mayor y algunas personas de la comunidad, pero en general eran jubilados. Casi enseguida el director me dijo por qué no iba los lunes a estudiar declamación y los miércoles a hacer Tai Chi Chuan y los jueves había expresión corporal, y así se fue llenando mi agenda, con estos talleres, pero en mi casa no podía decirlo porque me iban a decir: “de qué vas a trabajar”, es que no era la realidad de ellos, así que decía que iba a estudiar inglés, algo tranquilizador para los padres, que el hijo sepa un idioma… Y ahí estuve como quince años.

Ana —¿Quince años?

Claudio —Si y de hecho tengo contacto con los pocos que están quedando. Ahí hice teatro vocacional con ellos, me hice grandes amigos, Roxana Sandy, mi amiga del alma y a partir de ahí el director me aconsejo que cuando terminara el secundario estudiara en la escuela de arte dramático a la tarde, (Ahora se llama IUNA pero en ese entonces era la Escuela Nacional de arte Dramático o el Conservatorio).
Terminé el secundario y en vez de estudiar teatro que era lo que me gustaba, decidí estudiar lo que menos me desagradaba, porque de algo tenía que vivir, pero después de estudiar 3 años el profesorado de castellano y literatura en el Instituto de enseñanza Superior Alicia Moreau de Justo, en la calle Ayacucho y Av. Córdoba. Un día me di cuenta de que al año siguiente me iba a recibir de profesor, que iba a trabajar en cincuenta colegios y me moriría de hambre igual, y me dije, “prefiero morir de hambre con las cosas que me gustan” y ahí decidí seguir estudiando por la mañana el profesorado y en la noche en la Escuela Nacional de Arte Dramático.
El último año de la escuela nacional Dora Apo dictaba un Taller de Narración Oral, como taller extracurricular del conservatorio, por la municipalidad de Buenos Aires. Yo tomaba talleres para complementar teatro: mimo, danza, iniciación musical… y fui a tomar el taller para lo mismo y ahí descubrí que era una cosa distinta al teatro. Era como juntar las dos pasiones: la literatura y el teatro, a través del acto de contar cuentos. En ese entonces yo tenía 20, 21 años y había muy pocos narradores y el 80 o 90 % eran mujeres, casi no había hombres (ahora tenemos algunos pocos más) y eran casi todos adultos, con lo cual ser tan joven fue un plus que me favoreció, y así comencé a trabajar en forma profesional con los cuentos.
Cuando terminé el cuatrimestre del taller formamos un grupo con Dora Apo y con Sandra Ruiz y empezamos a contar los tres, viajamos a contar por ejemplo a Entre Ríos, y pronto comencé a contar en forma individual. A los dos años ya me invitaron a un festival internacional en Chile y fui conociendo profesores y maestros que me fueron formando en el contar y en la vida misma. Maestros como: Carlos Genovese, al que todos los daños le organizaba talleres acá, yo decía que era una buena excusa para tomar talleres yo también, Graciela Cabal…, distintos maestros y amigos que fui teniendo y fui aprendiendo de ellos, y sobre todo me fueron marcando y formando como ser humano, además de como profesional. Ellos y la praxis, esto de ensayo, prueba y error, de ir descubriendo, de contar, de hacer. Así fue como empecé a contar cuentos y a desarrollar este camino.

Ana —¿Qué sentís ahora al transitarlo?

Claudio — Yo disfruto mucho lo que hago y eso me parece que es un privilegio; poder hacer lo que te gusta, poder vivir de lo que te gusta, me siento muy feliz. Pongo mucha pasión en todo lo que hago. Y  también fui descubriendo otras facetas como la del gestor, porque nosotros como narradores somos intérpretes, somos dramaturgos porque reescribimos el texto, somos directores de nuestro trabajo, tenemos como un rol integral y también la producción y promoción. Empecé en pequeña escala. Primero la producción de los espectáculos en los que iba a contar yo, conociendo los lugares, los bares en los que se podía contar, que también es todo un tema, aprendiendo cómo convocar. Y también descubrí que yo necesitaba, como venía del teatro, que es puro colectivo, una acción más colectiva, porque la narración es una tarea muy individual, y así fui convocando a otros narradores a los lugares donde contaba. En ese tiempo, recuerdo también que con el centro de jubilados nos presentábamos cada sábado, una vez al mes, cada tanto, y quise llevar la experiencia con estos viejos de tener un mes de funciones y por eso comencé a buscar teatros y así fue como llegué al auditorio de la Asociación Cristiana de Jóvenes, en la calle Reconquista. Cuando llegué pregunté por el teatro que estaba cerrado, clausurado, si podían abrirlo. Como había que refaccionarlo, me encargué con los jubilados de  ayudar en la refacción  y así estuve seis años trabajando en el YMCA, porque me contrataron como coordinador del área cultural. Así fue como a base del trabajo, organizando funciones, fui aprendiendo a gestar.

En el año 2001 apareció una oportunidad en Morón, la municipalidad sacaba un ciclo de nuevas tendencias escénicas: Una semana de danza, una semana de Clown, y me pidieron junto a Liliana Bonel si podía organizar tres días de narración oral, acepté y así fue como nació en el Teatro Municipal Gregorio de Laferrere de Morón, el primer festival nacional que se llamó TE DOY MI PALABRA y que a partir de este año se llama PALABRA MIA.
Digo Nacional porque había que hacer algo local, muy chiquito, pero recibimos muchos correos de amigos y ofrecimientos incluso de otras provincias y países, que vinieron a apoyar el evento, por eso se hizo a nivel Nacional. Al año siguiente conseguimos más fondos y pudimos invitarlos para que volvieran. El tercer año conseguimos recursos con otros municipios y ya se hizo a nivel Latinoamericano porque invitamos gente de Uruguay, de Chile, y después a partir del cuarto año conseguimos el apoyo del Centro Cultural de España con pasajes y el evento fue Iberoamericano. Recién al quinto año fue internacional ya que pudimos suscribir otros países. Trabajamos mucho durante el año para todo lo que implica la presentación del Festival y por suerte contamos con el apoyo de municipios, patrocinantes y sponsores.

En ese mismo tiempo que organizamos el quinto festival, sumamos el trabajo de gestionar  ante el Instituto Nacional del Teatro, porque en ese entonces la Narración no tenía una categoría, no estaba institucionalizada en el INT como un género, no estaba ni el teatro danza, ni el teatro comunitario, entonces no había subsidios para esas ramas. El precedente de los cuatro años de festivales, fue importante para lograr el reconocimiento.
Hay algo muy importante y es que el objetivo que tuvo y que tiene hasta el día de hoy el festival es llevar la narración oral a los escenarios, por eso siempre se hace en teatros, en salas, porque la idea es llevar la narración a ese espacio.

Aquí en la Argentina existe un evento muy importante que es el encuentro de narradores en la feria del libro, que es muy bueno y muy valioso, pero al estar encuadrado en el marco de la feria, el protagonista es el libro y donde la promoción a la lectura es como un objetivo. Me parece muy bien, pero yo sentía que la narración como arte en sí no es subsidiaria de la literatura, ni de ninguna otra cosa y necesitaba establecer esa diferencia, y para ello había que jerarquizarla y un modo era llevarla a un escenario. Esto permitió que a partir del quinto año se incorporase la categoría de la narración oral a las artes escénicas, logrando así conseguir un canal de subsidios para todos los narradores que vayan a solicitarlo. Así comenzamos a conseguir apoyos, a poder invitar gente de otros países y a poder llevar el festival a las provincias, dónde no había esta actividad.

Si bien siempre en todo sitio existen los narradores tradicionales, populares, el cuentero; no había el concepto que nosotros tenemos de los narradores, es decir esta otra forma de narración como arte escénica. La primera provincia fue Misiones. Desde el comienzo quisimos darle identidad a cada provincia, que ellos pudiesen elegir el nombre de su festival, darle la idiosincrasia de su lugar, de ahí que en Misiones se llame TUTU MARAMBÁ, en Corrientes PONÉ LA OREJA, ASÍ NOMÁS TE DIGO, en Tucumán: NARRADORES EN ACCIÓN… Dónde además de la presentaciones la idea fue dar talleres (cosa que se sigue haciendo), eso va generando interés, abre a nuevos narradores que luego siguen contando durante todo el año. Esto ha sucedido en Jujuy, en Chaco, en Misiones, en muchas de las provincias, que hay grupos de narradores surgidos a partir de los talleres que se han dado en cada festival.
A partir de esto vimos que el trabajo quedaba como muy aislado, y desde hace cuatro años logramos ofrecer una categoría que se llama “asistencia técnica”, de modo que las provincias pudiesen solicitar narradores a través de esta categoría, que ofrecen cursos de capacitación durante el año. De este modo pueden tener distintas modalidades, miradas, técnicas.

Ana —¿Cómo funciona este apoyo de asistencia técnica?

Claudio — Cualquier narrador se puede ir a registrar en el Instituto Nacional del Teatro, en asistencia técnica. Es un trámite sencillo que se hace directamente por internet. Luego las instituciones o los grupos de cualquier provincia lo pueden solicitar al narrador, haciendo la gestión. De este modo le pagan pasaje, alojamiento y honorarios.

Ana —Es muy interesante esta información que seguramente desconocen muchos narradores, y sobre todo porque le otorga una jerarquía como profesión y permite un fluido intercambio que aporta a mayor diversidad.

Claudio —Exactamente, este reconocimiento le da una jerarquía a la labor y permite brindar capacitaciones con una mirada muy integral, ya que al no existir una universidad de Narración, cada narrador viene con su historia, su modalidad, su recorrido, hay quienes vienen de la docencia, de la psicología, del teatro… y eso está en las improntas de los talleres que se dictan.
Esta asistencia técnica se ha hecho en Chaco, en Jujuy, en Tucumán, ahora se va a hacer en Tierra del Fuego. Esto se ha hecho en cada lugar de forma distinta, por ejemplo en Tucumán en la carrera de Teatro, en la Licenciatura en Artes Escénicas, los dos últimos años tienen como materia obligatoria la Narración oral, entonces esto ha hecho que en la provincia de Tucumán a través de Patricia García, que es la que promovió esto hace diez años, los narradores sean muy jóvenes, sean actores profesionales y tengan una mirada más teatral, y me parece muy rico eso también. En Jujuy hay mucha tradición, los narradores que se han formado son de San Salvador de Jujuy, y también hay mucha gente de teatro, que le ha dado otro tinte al movimiento. En Chaco vienen de la educación, está la fundación de Mempo Giardinelli, hay dos ferias del libro, y todo eso le da otra característica. De este modo cada región tiene su matiz y todo enriquece.

Ana —¿En qué lugares se realiza el festival?

Claudio —El festival actualmente se hace en alrededor de veinte provincia, en Chile también. Cada año vemos de ir cambiando a los narradores invitados, de no repetirlos, de traer gente nueva, de presentar nuevas propuestas, es todo un trabajo y un esfuerzo, ya que a los narradores se les paga todo: alojamiento, comida, pasaje, honorarios… pero es un trabajo placentero. Este año contamos con diez narradores nuevos.
El festival tiene varias partes, las presentaciones en salas, los talleres que se dictan. Acá quiero aclarar que los municipios también aportan a las extensiones del festival. La idea era hacer presentaciones en las principales salas de las distintas zonas: zona oeste, zona sur, zona norte y capital, así tenemos: Morón, San Fernando, La Plata, Lomas de Zamora y Capital, son festivales simultáneos que se hacen. Hay una apertura y clausura en la que están todos, pero después se divide en todas las sedes.

Ana —Hablamos antes de lo rico de la diversidad de formas de narrar, diversidad que enriquece este arte y de lo valiosa que resulta la construcción de una red de contactos e interrelación entre los narradores. ¿Qué agregarías a eso?

Claudio—Al no haber Universidades magistrales ni fórmulas, cada uno va haciendo su camino, y al ser la narración algo virgen, que está explotando, va creciendo de día en día. Por eso mismo es una actividad a la que le falta mucho más todavía. Claro que todo tiene su pro y su contra, en este caso la contra es que no es algo que la gente conoce porque no es algo popularmente difundido, pero ya vendrá, son cosas que se van conquistando por etapas. Los pro, o lo rico, es que está todo por hacerse, que no hay límites, los límites los pone uno.

Ana —Hablamos antes de cómo el festival (y los mismos narradores y promotores), va tejiendo redes y como esto favorece a la difusión para que esta forma de narración llegue cada vez a más gente y a más lugares. ¿Qué agregarías a eso?

Claudio — Algo importante es que podemos hacer este gasto grande de pasajes, alojamientos…porque se amortiza entre todas las provincias, si no existiera esa red sería imposible hacerlo. Y también lo rico es que ya hay un público creado para este festival y que todo el año lo está esperando. En Misiones hace ya ocho o nueve años que se hace, en Córdoba hace quince, en Tierra del fuego es el segundo año, y hay provincias en que se hace por primera vez. Cada vez tratamos de sumar una nueva provincia. Y en cada provincia se va al interior, por ejemplo en Misiones que es la extensión más larga, ya que por lo general vamos tres días a cada extensión y aquí es una semana, porque hacemos tres días en Posadas y cuatro días en el interior, se va a Oberá, El Dorado… se va a escuelas rurales que están a muchos kilómetros una de la otra. Los chicos caminan toda la mañana para llegar a escuchar al narrador y luego caminan para volver a su casa en la tarde. Por eso es un trabajo que nos da mucha satisfacción. Primero porque llegamos a lugares donde no hay nada y como en estas escuelas rurales se prepara un comedor, se comparte con todos y es muy emocionante. También llegamos a comunidades, como algunas comunidades guaraní, que suelen ser muy cerradas y que un narrador pueda contar ahí es muy satisfactorio. Después en Jujuy, por ejemplo, todos los días el grupo de narradores se quedan en San Salvador, pero dos narradores van cada día a distintos lugares, a Purmamarca, a Tilcara, a Humahuaca, y vuelven. En Tierra del Fuego se hace en Tolhuin, en Rio Grande y en Ushuaia. En Córdoba hay un movimiento muy importante, se hace en todo Córdoba y en el interior.

Ana —¿Qué otros pasos fuiste dando en este camino hasta llegar al festival?

Claudio — En el 2001 se creó un boletín que se llamaba Te doy mi palabra, que comenzó como un boletín, luego como una revista que estuvo como cinco o seis años y fue un trabajo enorme, primero fue en papel, luego virtual y luego…, bueno luego cambiamos, no sólo porque era mucho esfuerzo sino porque cambiaron los medios de comunicación y difusión, ahora todo es más virtual, y esta forma de comunicación es más efectiva. Los formatos van cambiando y circulan con mayor velocidad y con más alcance. Es otra forma de vincularse.

Ana —Me quedé con esa imagen de la escuela llevándote al teatro y descubriéndote un mundo que dio un giro en tu vida, y se me une a esto de llevar la narración a esos espacios dónde no se la conoce, es como ofrecer a otros la oportunidad de conocer y quizás, al igual que te paso a vos, a un “otro” le cambie la vida.

Claudio —¡Totalmente! Y es que uno no puede desear algo que ni siquiera sabe que existe. Yo creo que para bien o para mal la escuela decide, sino en todo, en mucho. Yo estudié literatura que fue lo que menos me desagradaba no lo que más me gustaba, gracias a las docentes que tuve que me hicieron amar la literatura, despertaron en mi la pasión de leer. Recuerdo en el profesorado a profesores que tenía en lengua española que eran narradores natos y trasmitían su pasión. Uno va conociendo y la vida va decidiendo por uno también, y hay que estar alerta a esas cosas y esas señales. Hay una frase que dice que uno va por un camino y que llega el día del giro. El día del giro es un día cualquiera, pero es en el que llegas a la parada, el colectivo está esperándote, subís y pasan la música que te gusta, es el día del giro porque es el día en que conoces a alguna persona, ves una obra de teatro, o lees algo, o escuchas algo, que hace que tu vida cambie, que vayas por otro camino, por eso es el día del giro. Y hay que estar atento porque pasa una vez cada tanto. Mi día del giro fue ese que fui al teatro con el colegio.
Hay otra cosa muy interesante de los festivales es conocer esos lugares, esos universos distintos en el que todos los narradores, más los de otros países, al ir a estos lugares como la selva misionera y otros sitios, viven una experiencia increíble, conociendo algo que no conocían y es sorprendente. Son experiencias que nos nutren a todos. Es que uno va a esos lugares y no sale el mismo que entra.

Ana —También son momentos de giro esos en que conoces lugares inimaginados y te encontrás con seres increíbles que te aportan cosas que desconocías y te cambian.

Claudio —Totalmente. Y ya que hablamos de cosas nuevas quiero contarte algo que no lo sabe nadie, que es una primicia, una exclusiva que doy acá y ahora.

Ana —Ya me intrigaste, ¡quiero la primicia!

Claudio —Estamos trabajando con un grupo de narradores para el año que viene abrir una escuela de Narración Oral, con reconocimiento oficial, con título terciario, para jerarquizar la profesión. Queremos que sea interdisciplinario, que haya distintos narradores como docentes, para que se nutran de distintas miradas. Se está por inaugurar en marzo del año que viene. Estamos ya trabajando con todo, ya presentamos los papeles ante Educación, ante Nación para poder desarrollarla, y estamos muy contentos. Ya tenemos la sede, va a funcionar en Juan Domingo Perón 1538, es una casona hermosísima donde hay un  montón de salas y de aulas acondicionadas para la escuela. Siempre estamos haciendo algo nuevo y eso me genera mucho placer, me pone muy contento, porque cuando uno empieza algo nuevo siempre hay como un manto de ilusión en cosas que puede ser que no salgan, o que no funcione o te chocas con la realidad, pero es en ese momento en que todo es posible, cuando uno sueña.

Ana —¿Cuando decís estamos trabajando te referís a un grupo particular o a quién?

Claudio —Bueno sí… En realidad estoy trabajando yo apoyado por Tip Travel Boreau que es una empresa que siempre me apoya, me financia muchas veces los pasajes de los invitados, sería mi mecenas en este momento, ya que les gusta la narración, el arte en general y apuestan a este trabajo.

Ana —¿Es una empresa relacionada con la narración , la literatura o dedicada a la cultura?

Claudio —No, es una empresa mayorista que provee a agencias de turismo, es una agencia de viajes, pero que apoya eventos culturales en España, en México, en Cuba y en Perú y hace varios años que venimos trabajando con ellos y a Marcelo Sonemblum que es el director, se le ocurrió esta idea loca de armar la escuela y le dije que ayudaba, finalmente quedé involucrado y calculo que después también él va a ser parte activa, trabajando con algunas materias. La idea es que como dijimos, haya una mirada de cada uno diferente. A mí se me hace muy difícil esto de sostener los talleres porque con tanto viaje y porque no me gusta faltar, es complicado, por eso me parece que comprometerme desde este lugar es mejor. Vamos a traer narradores invitados también, así que estamos como ajustando este proyecto y con mucho entusiasmo.

Ana —Es muy interesante esto de una escuela que brinde una formación integral y diversa, en la que tenga espacio la pluralidad de formas narrativas y también las diferentes miradas que hay, ya que cada narrador tiene su mirada sobre el cuento y sobre el contar, son lugares del alma distintos, ni mejores sin peores, ni buenos ni malos, solo diferentes y es nutricio que se puedan conocer y compartir, para que el alumno pueda descubrir qué lo motiva y cuál es su voz.

Claudio —¡Tal cuál!, esa es la idea, abrir para que se conozcan estas modalidades y cada uno pueda elegir su camino, porque si uno no sabe que existen no puede elegir. Pero también me parece importante reflexionar sobre el trabajo, la técnica y los recursos que uno emplea, porque como la narración es algo muy nuevo, muchas veces se la ve desde un lugar poético, muy romántico, bonito, pero yo como práctico que soy necesito que se me dé una herramienta concreta. Una herramienta que se pueda trasmitir, como por ejemplo mi proceso para estudiar los cuentos es este, el mecanismo que uso para una adaptación es este, que a mí me sirven y a otro le sirven otras modalidades, por eso me parece tan importante reflexionar en estos puntos.

Ana —Eso es justamente lo que te da la profesionalidad, lo que te distingue del aficionado, el que lo hace espontáneamente por placer de tanto en tanto. En esta actividad, como en la del escritor, o en todas las profesiones, la formación es importante en tanto y en cuanto te da un marco, herramientas, recursos. Es también generar un respeto al oficio.

Claudio — Sí, sí. A veces me ha pasado esto de escuchar a alguien decir me habló el cuento o me vino el cuento, esa mirada poética es muy linda pero no es suficiente para el oficio. A mí nunca me paso, si yo no leo, si no busco, ningún cuento viene a buscarme. Son horas que uno dedica a buscar, leer, aprender, ensayar, trabajar la voz, el cuerpo, encontrar su forma… Cualquiera puede contar un cuento, es cierto, pero no cualquiera puede contar un cuento “con arte”. Son cosas distintas.
Estamos trabajando este año en un ciclo que se llama “La Cocina del Narrador”, nos juntamos una vez por mes, invitamos a un narrador profesional que cuenta y entre cada uno de los cuentos, como el público son narradores, le van preguntando al narrador cuál fue su proceso, cuál es su forma de trabajarlos, cuáles son sus mecanismos, y es muy rico eso de ver la variedad y lo diverso, ver como cada uno usa determinadas herramientas y como hace su proceso. También hay una sección que la llamamos “El camino no siempre es de rosas….”, para que nos cuenten cuales son las malas, los fallos, las experiencias frustrantes, porque en el taller todo es lindo, amoroso, pero después como en toda profesión, sea que se trabaje en grupo o individual, hay de todo, existe la competencia, existen un montón de cuestiones que también hay que tener en cuenta, y es bueno charlarlo porque el narrador puede llevarse una desilusión después si cree que todo es lindo e ignora las dificultades.

Ana —Hablando de esto de la diversidad quería preguntarte qué te arraiga al cuento, creo que más allá de lo que contemos, siempre algo nos hace de raíz motivadora, por eso lo de arraigue que es diferente para cada uno.

Claudio —Pensándolo ahora creo que es como volver a la infancia. Siento también que si bien soy grande porque no soy niño, creo que nunca llegué a ser adulto. Me encantan muchas cosas de niño; los dibujitos, las golosinas…, y creo que el cuento es algo más de eso, por eso trabajo en esto que me permite estar siempre en contacto con ese aspecto. De hecho cuando escribo muchos me dicen tenés una letra de primer grado, y bueno, les contesto, es la que me sale, no me sale otra letra. Por eso creo que es lo que me une mucho a la niñez y al placer, porque lo disfruto mucho, le pongo mucha energía, mucha pasión, mucho entusiasmo y creo que es eso, me arraiga volver a la infancia, a ese estado de placer. Creo que sea lo que sea cuando uno lo hace con placer, sale bien. Y también me parece importante descubrir cómo este camino me arraigó a la literatura, a volverme lector adicto por los cuentos. Ahora por ejemplo me encanta Abelardo Castillo y Liliana Heker, escritores que descubrí por la narración y ahora disfruto como lector.

Ana —Como lector uno siempre tiene más atracción por un tipo de literatura que por otra, ¿qué es lo que más te seduce, te atrapa, la lectura de cuentos u otras formas literarias?

Claudio —No, no. Me gustan mucho las crónicas, me encanta por ejemplo Pedro Lemebel, me encanta ese formato. Novelas también, cuentos leo cuando tengo que preparar, para buscar material. No soy lector de cuentos, soy más lector de libros infantiles. De hecho en mi casa lo que tengo libros a montones son estos libros de literatura infantil y juvenil, me encantan, pero para consumirla no para contarla. Colecciono libros álbum, tengo tres bibliotecas de ellos y también tengo todas las colecciones infantiles que se te puedas imaginar: Los Caminadores, Buenas noches, Pan Flauta, ¡todas!, que como te dije las compro para leerlas yo.

Ana —Esto también me parece interesante, porque quien quiere acercarse a la narración puede pensar que los narradores amamos solo leer cuentos y no siempre es así, sin embargo el gusto por otro tipo de literatura también aporta al oficio de narrar.

Claudio —Claro porque te vas nutriendo también de eso y es todo un bagaje que uno acumula y que sale en el momento de contar, por más que no lo utilices, es como un subtexto que uno tiene ahí y sale, va formando parte de tu acervo.

Ana —Y a la hora de narrar ¿qué te atrae más, contar para chicos, para adultos?

Claudio — Definitivamente para adultos, porque con los chicos cuesta más, gastas mucha energía, gastas el doble de energía. Con el adulto lo disfruto más, sobre todo porque para adultos cuento lo que quiero yo, la elección del texto es cien por ciento mía, me gustó a mí y lo cuento, el adulto que se la banque. En cambio para chicos tengo que consensuar esa elección por la edad que tiene, por sus intereses, si bien es algo que a mí me gusta, tengo que consensuar con él previamente, tengo que pensar para qué grupo etario, qué intereses, el espacio, como que tengo más condicionada la elección, con el adulto me siento más libre. Igual cuento para chicos, pero hay un pacto que hago cuando llego a los colegios siempre Los cuentos son para disfrutarlos, no para trabajar. Estar atentos, tener los ojos abiertos, la boca cerrada, las orejas atentas, ahí ya hay toda una revolución de cosas. Creo que la narración oral es una invitación a leer, no como un objetivo sino como una consecuencia. También disfruto mucho contando para adolescentes, porque son incondicionales cuando les gusta y contundentes cuando no les gusta. Hay como una idea de que los cuentos son para los niños y a medida que crecen se va perdiendo ese espacio y me gusta mucho esto de recuperarlo. También me gusta cuando voy a la biblioteca y me dicen que tal o cual libro lo pidieron mucho porque les atrapó cuando lo escucharon contar, o cuando me dicen sé que contaste este cuento y este cuento, porque fueron a pedirlo, por eso digo que es una invitación a leer. En realidad voy a pocos colegios. También aprendí que a veces es trabajo y como en todo trabajo no siempre es placer, es trabajo.

Ana —¿Algo más que quieras decir respecto al festival?

Claudio —No, simplemente que LOS ESPERAMOS en Morón, en Avellaneda, en Lomas de Zamora, en La Plata, En San Fernando y en Capital en el Festival Internacional de Cuentacuentos “Palabra Mía”.

Ana—No me queda más que decirte ¡MUCHAS GRACIAS!

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Acerca de Claudio Ledesma:

Representó a la Argentina en los Festivales Internacionales de Cuentacuentos de Bolivia, Cuba, Chile, Uruguay, Colombia y México.
 Presentó sus espectáculos de narración oral para chicos y adultos en ferias del libro, cafés literarios, librerías, universidades, plazas, parques y teatros.
Creó y dirige el Círculo de Cuentacuentos y la publicación Te doy mi palabra: noticias de los cuentacuentos. Fue narrador contratado por la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares (CONABIP) y la Dirección General del Libro y Bibliotecas del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.
Dictó talleres de narración oral a través de Extensión Universitaria de la Universidad de Buenos Aires, en el Instituto Universitario Nacional del Arte y en Universidades Privadas. Es docente de narración oral para el Diplomado de Expertos en Literatura Infantil y Juvenil que se desarrolla en Universidades de Chile, Colombia, Perú y Brasil.
Conferencista y cuentacuentos de Neuroeducación del seminario “El cerebro lector” impartido en Lima, Perú y Medellín, Colombia.
Cuentacuentos contratado por la Secretaría de Cultura y Educación de la ciudad de la Plata.
Es Director del Festival Internacional de Cuentacuentos Te doy mi palabra, (llamado ahora Palabra Mía) que se lleva a cabo desde el año 2000 y se desarrolla en Buenos Aires y con sedes en prácticamente toda la Argentina.
Director del Encuentro Cuenta Habana que se lleva a cabo todos los años en la isla de Cuba. Director de las Jornadas Internacionales de Literatura Infantil y Juvenil.
Premio Pregonero 2011 a narrador oral, Premio ContArte 2012 por su trayectoria, Premio Pregonero 2013 por labor radial, Premio El Cochero Azul por su difusión de la narración oral y literatura Infantil y Juvenil.

Claudio Ledesma


5 comentarios:

  1. Felicitaciones querido maestro!!!! Admiro tu gran generosidad para transmitir tú saber. El mundo espera que sigas sembrando más semillas de este bello Arte de Contar Cuentos.

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  2. Interesantisimo recorrido desde tu infancia al presente, por compartir momentos, tenia pedacitos del rompecabezas, la entrevista me permitió armarlo. Sintiendo siempre tu autenticidad, donde repetís tu verdad una y otra vez , y eso te hace tan confiable. ( Vos si que resistís el archivo!!)
    En marzo estaré entre los alumnos de la escuela de narradores. Caminante no hay camino, se hace camino al andar....

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  3. Muchas gracias por compartir las vivencias humanas y profesionales que enriquecen a tantas personas.

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    Respuestas
    1. Gracias a vos por comentar Sandra!
      Creo que conocernos es un buen paso para crear un red vital

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    2. Hola chicos!! me encantò la entrevista!! quiero decirle especialmente a Claudio que èl formò parte de mis días del giro y me siento muy agradecida y feliz por ello. Lo mejor para ustedes! Paz y alegría en el corazón!!

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