martes, 9 de julio de 2013

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Reencuentro ciudadano se da con el relato de un cuentacuentos

Apoyo esta idea pues creo que cada día es más necesario que los cuentacuentos salgamos a la calle y sembremos cuentos, para cosechar algún día un verdadero rescate de la oralidad que tanta falta nos hace en este mundo “Virtualmente-hipercomunicado” y tan incomunicado en lo cotidiano real.

En Caracas cada vez con más frecuencia narradores toman el espacio público

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Linsabel Noguera (Rana Encantada) lleva casi 25 años en el oficio CORTESÍA

Desconectarse de la rutina y el caos urbano es posible. Habrá que sentarse -solo o acompañado, con amigos o familia- en un semicírculo de personas y afinar el oído y olvidarse de los prejuicios. Lo demás vendrá de la mano, o de la voz para ser exactos, de la persona que por media hora le cuenta una historia que le llevará a un viaje con su imaginación.
Es eso lo que hacen narradores orales, mejor conocidos como cuentacuentos. Aunque la cantidad de personas que se dedica al oficio es una cifra desconocida, Venezuela ya cuenta con 35 miembros en la Red Internacional de Cuentacuentos y 17 de ellos están en Caracas.
No en vano cada vez con más frecuencia las historias para niños y adultos se pasean en la Plaza Mickey de la UCAB, en el Banco del Libro, en el Parque Caballito de Altamira, en el Justicia y Paz de Chacao, en la Plaza y Ludoteca de Los Palo Grandes, en las salas de Infantil de la Red de Bibliotecas Nacionales, en la Librería Sopa de Letras (Hacienda La Trinidad), en el Centro de Arte Los Galpones (Los Chorros) y en el Ateneo de Caracas.
Lo detalla Linsabel Noguera quien en 1987 se acercó a un oficio del que nunca quiso desprenderse. Hoy coordina La Rana Encantada, una organización que cuenta con seis cuentacuentos y cuyas actividades -destinadas a promover en niños la cultura de paz y la creatividad- abren siempre con un cuento de tradición oral, de cosecha propia o tomado de la literatura para niños y jóvenes.
"Cuando nos reunimos en un lugar para contar o escuchar cuentos, ese lugar cambia y se convierte en un espacio vivo que invita al encuentro y en el cual dejan de importar las diferencias", dice Noguera.


Con el mismo afán de comunicarse con el otro ha contado historias Armando Quintero, un uruguayo de nacimiento que llegó a Venezuela cuando tenía 33 años y hoy está por arribar a los 70. Cualquiera que haya estudiado en la UCAB sabrá de Quintero, quien en 1987 fundó Cuentos de La Vaca Azul, y lo recordará por su piel blanquísima, su traje azul rey una campana sonora que invitaba a escuchar sus historias con el grupo de Narracuentos UCAB que existe desde 1992.
"En general me interesa comunicarme con la gente, decirle que pese a todo, el mundo sigue siendo vivo y agradable", dice Quintero, que sin falta cuenta cuentos todos los viernes a las 12:00 p.m. en el campus y los segundos y cuartos domingos de cada mes en el parque Caballito de Altamira con temas como la tolerancia, el afecto y el buen trato sin imágenes estereotipadas de príncipes y princesas.
Escuchando los cuentos de Armando se hizo cuentacuentos Vanessa Mennechey, educadora. "Lo importante es que te sepas el inicio, el nudo de la historia y el final, y tú le agregas o le quitas. Una contada nunca es la misma", asevera quien se convirtió luego en colaboradora de La Rana Encantada en sus actividades de promoción de la lectura.
Fomentar el hábito de leer y formar en valores son cosas que, a través de las palabras que dice, bien logra un cuentacuentos. Pero para Quintero hay algo más: "Con la historia tú no haces otra cosa que despertar el afecto en el otro. Es muy rico cuando los niñitos se acercan y no te dicen ninguna palabra y simplemente te abrazan o cuando sus papás te miran con los ojos brillantes y sonríen. Eso te dice que en este mundo tan lleno de problemas, todavía vale la pena vivir".

fuente:El Universal

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