martes, 30 de julio de 2013

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El cuentacuentos Jesús Mario Ávila Comparte su amor por la lectura

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El cuentacuentos Jesús Mario Ávila nos habla de cómo inició en esta interesante labor y sus proyectos para acercar a los niños y jóvenes al mundo de los libros

El cuentacuentos Jesús Mario Ávila nos habla de cómo inició en esta interesante labor y sus proyectos para acercar a los niños y jóvenes al mundo de los libros

Pese a que en México los cuentacuentos son relegados por las autoridades culturales y no son reconocidos como parte de las bellas artes, a diferencia de otros artistas como los escritores, pintores y muralistas, hay quienes no se cansan de hacer soñar a los niños con esta actividad.

Jesús Mario Ávila es uno de ellos. Todo comenzó hace 13 años, cuando era archivero en una biblioteca municipal. Una mañana mientras preparaba el café, uno de los directivos le informó que había una vacante como bibliotecario y no la pensó dos veces.

“Me apunté muy emocionado, porque yo siempre había querido contar cuentos y a los pocos días me enteré que me habían dado la base”, relata Ávila.

En ese tiempo la biblioteca era muy aburrida. Además de los fantasmas que a veces salían de los libros escritos por Stephen King, eran pocas las personas que se acercaban al recinto.

A Jesús no le pareció tanta soledad en un lugar tan importante. Un día, mientras leía un manual de bibliotecario, se dio cuenta que podía atraer a la gente de manera diferente y original.

“Dentro de los programas de fomento a la lectura está el del cuentacuentos, y le pregunté a mi jefa que si podía escribir e invitar a niños y adultos con otro tipo de actividades, y ella me respondió que hiciera lo que tuviera que hacer con el fin de llenar la biblioteca de gente”, añade.

Comenzó a contar cuentos tradicionales y después experimentó con la imaginación y sus conocimientos literarios. Primero lo hizo en la escuela Emiliano Zapata y después en la Federal número 3, cerca del Viaducto.

De esa forma acercó a muchos niños y adolescentes que hoy se encuentran en talleres literarios, además de haber formado grandes lectores.

“Nunca les leía el final, pero sí les decía cómo se llamaba el libro y ellos solitos iban a buscarlos a la biblioteca, siempre hay que ingeniárselas para seguir construyendo lectores”, dice mientras no deja de mover sus manos.

Los funcionarios de la Dirección General de Bibliotecas se dieron cuenta que eso funcionaba y desde entonces casi todas las bibliotecas cuentan con un programa para contar o narrar cuentos.

LA LECTURA CAMBIA A LAS PERSONAS

Jesús Mario está seguro que la lectura hace milagros. A lo largo de los años se dio cuenta que los infantes imitan al cuentacuentos y tienden a desarrollar habilidades artísticas que otros pequeños no tienen al no presenciar actividades culturales de este tipo.

“A los niños les atraen muchos los cambios de voces y sobre todo los ruidos que haces al imitar serpientes, perros u otros animalitos. No falta quién de ellos levante la mano y participe”, asegura.

Lo mejor de todo, dice, es que empiezan a desarrollarse en público y se sienten mucho más seguros.

“Entre más lean los niños, se vuelven más libres, y es que en la literatura hay autores que nos describen lugares que nunca imaginamos conocer, como las pirámides de Egipto o la Torre Eiffel”, explica el cuentacuentos que ahora desarrolla sus actividades en la Biblioteca del Parque Central.

FALTA DE APOYO

Jesús tiene la esperanza de rescatar algunos monumentos históricos y uno de ellos es la Garita de Metales, que hace poco se quemó.

“Nosotros intentamos rescatarla antes de que se incinerara, queríamos levantar ahí una biblioteca, sería maravilloso contar con una en plena zona Centro, nos ayudaría a quitarle esa imagen negativa que tiene la zona”, expresa.

Desde su punto de vista, entre más imaginación se le ponga al fomento a la lectura, mejores serán los resultados.

“Sería interesante que las autoridades de todos los niveles de gobierno publicaran unos cuadernillos de bajo costo con cuentos tradicionales y empezarlos a repartir en colonias donde la literatura generalmente no llega; se podría invitar a varios cuentacuentos para hacer la actividad más atractiva”, manifiesta.

Aunque acepta que el número de bibliotecas creció en los últimos años, dice que no son suficientes, y para luchar contra eso propone las bibliotecas móviles.

“¿Cuál sería la imagen de Ciudad Juárez a nivel mundial si las colonias rezagadas empezaran a llenarse de bibliotecas móviles?”, se pregunta.

LECTURA CONTRA LA VIOLENCIA

Si los libros, agrega el cuentacuentos, llegaran de manera más fácil a los ciudadanos, no estarían tan expuestos al crimen organizado y a las drogas, es más fácil prevenir que corregir.

“Si acercamos las bibliotecas a las zonas vulnerables, la población puede aprender mucho. Recordemos que en una biblioteca no sólo hay libros de literatura, sino de carpintería, mecánica y otras actividades que podemos aprender”, añade.

Para Jesús Mario todo este problema de la violencia vivida aquí en los últimos años, se debe en parte a lo alejado que los juarenses se encuentran de la cultura y el arte.

“La lectura salva vidas y modifica actitudes generacionales, de ahí la importancia de tener más lugares de esparcimientos culturales, en lugar de tener abandonada la Garita de Metales, ¿por qué no convertirla en biblioteca?”, vuelve a cuestionarse.

No podemos volver a repetir los mismos errores, hay que recuperar los valores, el entendimiento entre las personas, el amor al prójimo, finaliza.

Fuente Norte digital

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