lunes, 13 de mayo de 2013

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Los secretos de la narración

¿Por qué amamos una buena historia?

(Un buen cuento fantástico: primera de cinco partes)

Autor: Jeremy Hsu

Tema: La importancia de la narración y sus consecuencias biológicas evolutivas.

Revista: Scientific American Mind.

Fecha de salida del original: 18 de septiembre 2008.

Traducción del inglés: Raúl Fierro

Los investigadores han empezado sólo a vislumbrar las relaciones entre las variables que pueden iniciar el transporte narrativo. En el 2004, un estudio de la psicóloga Melanie C. Green, actualmente en la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill, mostró que el conocimiento previo y la experiencia cotidiana afectaron la experiencia de la inmersión. Voluntarios leyeron una historia corta sobre un hombre homosexual que asiste a la reunión de su fraternidad de la universidad. Aquéllos que tenían amigos o miembros de la familia que eran homosexuales presentaron un alto grado de transporte narrativo, y también percibieron los eventos de la historia, escenas y personajes para hacerlo más real. El transporte narrativo también fue más profundo para los participantes con experiencias pasadas en fraternidades o hermandades de mujeres. "La familiaridad ayuda, y un personaje para identificar con la correspondencia", Green explica.

Otra investigación de Green ha encontrado que las personas que se desempeñan bien en las pruebas de empatía, o la capacidad de percibir las emociones de otra persona, se transportan más fácilmente sea cual sea la historia. "Parece ser una cantidad razonable de variación, toda las maneras en que las personas pueden dejar a un lado un comercial de Hallmark", Green dice.

EN LOS ZAPATOS DEL OTRO

La empatía es parte de la más grande habilidad de los humanos para tener que ponerse ellos mismos en los zapatos del otro: nosotros podemos atribuirle estados mentales -conciencia, intención- a otra entidad. La abstracción mental, como a este rasgo se le conoce, es crucial para la interacción social y la vida comunitaria -y la comprensión de las historias.

Los niños desarrollan la abstracción mental alrededor de los cuatro o cinco años de edad. En el 2007, un estudio de las psicólogas Daniela O'Neill y Rebecca Shultis, ambas de la Universidad de Waterloo en Ontario, encontraron que niños de cinco años de edad podían prever los pensamientos de un personaje imaginario pero niños de tres años no podían. Los niños vieron modelos de vacas en un granero y en un campo, y los investigadores les dijeron que un granjero sentado en el granero estaba pensando en ordeñar a la vaca en el campo. Cuando entonces les pidieron apuntar a la vaca que el granjero quería ordeñar, Los niños de tres años apuntaron a la vaca del granero -se la pasaron mal siguiendo los pensamientos del personaje con respecto a la vaca en el campo. Los niños de cinco años, sin embargo, señalaron a la vaca en el campo, demostrando abstracción mental.

Quizás porque la abstracción mental es tan vital para la vida social, una vez que nosotros la adquirimos, tendemos a abstraer por todas partes, haciendo historias de todo lo que nos rodea. Un 1944, un estudio clásico de Fritz Heider y Mary-Ann Simmel, en ese entonces del Smith College, elegantemente demostraron esta tendencia. Los psicólogos les mostraron, a unas personas, una animación de un par de triángulos y un círculo moviéndose alrededor de un cuadrado y les preguntaron lo que estaba pasando. Los sujetos describieron la escena como si las figuras tuvieran intenciones y motivaciones -por ejemplo, "El círculo está persiguiendo a los triángulos". Muchos estudios desde entonces han confirmado la predilección humana por hacer personajes y narraciones de cualquier cosa que nosotros vemos en el mundo que nos rodea.

¿Pero cómo podría ser la ventaja evolutiva tan propensa a la fantasía? "Uno podría haber esperado que la selección natural haya suprimido cualquier inclinación a engancharse a mundos imaginarios en lugar del real", escribe Steven Pinker, un psicólogo evolucionista de la Universidad de Harvard, en la edición de abril del 2007 de Philosophy and Literature. Pinker continúa para argumentar contra esta demanda, postulando que las historias son una herramienta importante para el aprendizaje y para el desarrollo de las relaciones con otros en un grupo social. Y la mayoría de los científicos están empezando a estar de acuerdo: las historias tienen una atracción tan poderosa y universal que las raíces neurológicas de contar historias y disfrutarlas probablemente se atan a las partes cruciales de nuestra cognición social.

Fuente: Noticias

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