domingo, 7 de abril de 2013

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Vivir para narrar: el placer de contar cuentos

Al rescate de la narración oral, esa que antes de la escritura divulgó leyendas, mitos e historias contadas de boca en boca, la semana próxima arranca un curso introductorio en Lomas para aprender el oficio. Con la premisa de que “todos somos narradores”, en diálogo con Bien Urbano, Liliana Bonel, la docente a cargo, detalló aristas de su arte.

 

Liliana Bonel cuenta cuentos

Por Natalia Arenas

Todos tenemos un narrador interno que suele salir a la luz cuando le contamos a un amigo una anécdota graciosa o cuando le detallamos a una hermana el último capítulo de la novela. Pero para ser un verdadero narrador, uno que pueda transmitir emociones y generar climas, hace falta algo más.

A Liliana Bonel se le nota su oficio de cuenta cuentos aún cuando  no está narrando uno. Su voz, sus entonaciones, la delatan incluso en el medio de una conversación cualquiera.

Bonel es actriz y fonoaudióloga. En los escenarios y en su elocuente verborragia encontró la síntesis que hoy la define: es una cuenta cuentos. Como tal, impulsó el festival internacional “Te doy mi palabra” y recorrió no sólo escuelas e instituciones de la zona sur del Conurbano, sino también en otras provincias y hasta cruzó el charco y se fue a dictar clases a Uruguay y a Chile.

Pero para narrarlo, nadie como ella.

BU: ¿Cómo nace en vos este placer por narrar?

LB: Hay varias vertientes. Hay una familiar, porque yo tenía una abuela española que, si bien no tenía estudios importantes, era una gran narradora de historias, contaba cosas de su tierra. Y ella te contaba mitos y leyendas como si fueran reales, esas historias fantásticas de las sierras y de los bosques. Y yo empecé siendo una gran conversadora, con las cosas que contaba la abuela, con las cosas que yo escuchaba cuando íbamos al campo.

Empecé leer desde muy chica, antes de cumplir los 5 años, porque me encantaban los cuentos y me leía todas las “Fabulandias” que podía encontrar en la casa de mis amigos y de mis primos.

Después crecí, empecé a estudiar teatro y cuando terminé el secundario me decidí a estudiar Fonoaudilogía. Después seguí con el teatro un día me llamaron del Teatro San Martín para darle clases de técnica vocal a un grupo de actores que se estaba formando en narración, y cuando yo  escuché y vi lo que hacían, dije: “esto es lo mío”.

Soy actriz, soy fonoaudióloga, pero sobre todo fui una gran receptora y una gran charlatana (risas). Y así me encuentro con que todo lo que hice en mi vida me llevó a narrar, tanto que durante un tiempo convivieron las dos cosas, pero finalmente la actriz narradora primó. Y esto es lo que soy ahora: una cuenta historias que siente mucho placer en narrar y que lo llevo donde puedo.

BU: ¿Cuáles son las herramientas que te dio el teatro para la narración de cuentos?

Sobre todo lo que tiene que ver con el manejo corpo vocal y del espacio. El entrenamiento de poder descubrir qué parte de tu cuerpo va a presentar al personaje. Lo que más cuesta es desarmar la representación del actor, eso no te sirve para la narración oral. Porque narrando sos vos, uno puede construir un personaje narrador, pero no es lo mismo. Y al ser actor, cuesta mucho la comunicación directa con el público, porque cuando sos un personaje, el actor se escuda en ese personaje. Pero cuando narrás, se lo contás al espectador mirándolo a los ojos. La relación con el público es muchísimo más directa, el público tiene una participación muy activa.

En el taller trabajamos con el cuerpo de uno como instrumento de transmisión en la comunicación. Pero también se trabaja con esto de  desarmar lo impostado, rescatar esto que todos tenemos de sentarse y contar. Todos somos narradores, todos contamos. Entonces, se trata de rescatar ese narrador que todos llevamos dentro, y que, por ahí, distintas pautas de la sociedad actual, desde el sentido común, del ‘no te hagas ver’ o ‘no te hagas conocer’ te lo van coartando. Y después, descubrir las herramientas que tenemos, nuestro cuerpo, el espacio, para luego buscar los cuentos. Desde la anécdota personal, desde el imaginario, ese cuento que puede estar encerrado en una nota insignificante, hasta llegar a los literarios.

BU: ¿Quiénes suelen ser los alumnos de tus talleres? ¿Hay un perfil o target específico?

Hay un poco de todo. Hubo una época en la que el target eran señoras mayores de 40 años.  Había una cierta predilección de esas señoras y cero juventud. Y lentamente las cosas fueron cambiando, por ejemplo ahora pasamos por un auge de los profesores de literatura.  Como yo estoy en la escuela de teatro de Lomas, ahora los chicos también quieren formarse en narración, lo que es algo impensado porque somos pocos los que venimos del campo teatral. Y dentro de esto, siempre he tenido un poco de todo. Desde abuelas que venían para poder contarles cuentos a los nietos y terminaron contando cuentos eróticos. Maestras jardineras, profes y gente que quería hacer otra cosa. Uno de los mejores narradores que salió de mi escuela es contador público.

Hay que saber distinguir quien toma estas clases como un hobbie, porque entonces cualquiera puede ser un narrador. Y otra cosa es quien quiere dedicarse a la narración oral, porque entonces hay que formarse, hay que estudiar… y hay que tener talento.

BU: ¿Hay autores o escritores que te facilitan el dictado de tus clases?

Lo más lindo y fácil de narrar son los cuentos populares, los mitos, las leyendas y los cuentos que andan de boca en boca. Yo presento mucho material de este. Dentro de esto, hay autores que me encantan por las versiones que tienen. Una es Iris Rivera, que es de Longchamps y que tiene versiones muy buenas de La Telesita y del Gauchito Gil, por ejemplo. Y Jorge Accame, que toma las leyendas más antiguas de América y las reconvierte y las trae al momento actual y te morís de amor, te morís de miedo… es maravilloso. Después, yo creo que cualquier autor se puede contar, si uno se toma el tiempo suficiente para transformar esa narración literaria en un texto vivo, dramatúrgico. Y entre esos me gusta mucho Guy de Maupassant, Mario Benedetti, Rodolfo Walsh, Gabriel García Márquez, que hay que tomarse su tiempo para trabajarlos, para no faltarles el respeto. Pero, además, para no repetirlos tal cual ellos escriben porque es imposible de sostener. Entonces, hay que hacer mucho trabajo para pasarlo a la oralidad y a su vez respetar la historia, no transformarla en una pavada.

BU: ¿Por qué crees que es importante rescatar la narración oral?

Porque es un placer. Porque el ser humano es un ser narrativo, no hay nadie que no tenga la necesidad de contar. Vos fijate que en todos los grupos humanos, las sociedades que pueblan el planeta, no todas tienen lecto escritura, pero todas tienen narración oral. No hay sociedad originaria, primitiva o civilizada que no tenga oralidad, todas tienen un acerbo cultural riquísimo que se basa fundamentalmente en historias de transmisión de boca en boca. Lo que hace la narración es hacerte pensar en lo que pasó primero, para pensar en lo que está sucediendo ahora y poder entonces hablar del final. La imaginación es una herramienta poderosísima de transformación del ser humano y la primera herramienta que tiene la imaginación es el narrar, el contar. Hay una historia preciosa que dice que la imaginación es tan poderosa que predice el futuro y, si es necesario, lo moldea. De eso se trata.

 

Para aprender a contar: “Introducción al arte de la narración oral”

Este curso es de nivel inicial y consiste en la formación básica del narrador, el entrenamiento expresivo corpo-vocal, la selección y adaptación de textos, la comunicación con el público y presentaciones en espacios públicos y privados.

La cursada es presencial y arranca el próximo martes 9 de abril. Se dictará todos los martes (son 12 clases), de 18 a 20, en Pasaje Gonzáles 56, Lomas de Zamora.
Para informes e inscripción, enviar un mail a:   labonelcuenta2@gmail.com

Más información: http://www.labonelcuenta.com.ar/

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