lunes, 22 de abril de 2013

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Entrevista a Pep Durán, creador de la Feria del libro Gigante

 

Cómo descubrir a cualquier edad el narrador que llevamos dentro

El librero, escritor, educador y cuentacuentos catalán Pep Durán viajó a la Argentina para reeditar aquí una experiencia que ya realizó en España: incitar a grandes y chicos a narrar historias y hacer con ellas un libro gigante.

Lo primero que llama la atención es un ratoncito de peluche, un poco raído, un poco trajinado, sobre la mesa. “Se llama Frederic”, dice Pep Durán mientras lo levanta e introduce sus dedos en las patitas del títere para que pueda saludar. El ratón se escapó de una habitación donde Pep –librero, escritor, educador, cuentacuentos– ajusta los detalles de la Fiesta de Creación del Libro Gigante de Cuentos. Se trata de una experiencia que Durán realiza en España desde 1977 y que este sábado se celebrará por primera vez en Buenos Aires. En la otra habitación está la valija de Pep. La está usando para dar su taller de narración oral en Casa de Letras –una organización civil que ofrece cursos de lectura y escritura–, a cargo de la organización del taller y también de la fiesta. Ahí se realiza la entrevista. Como un mago o un prestidigitador, a lo largo de la charla Pep despliega libros ilustrados, troquelados, y toca instrumentos como un tambor de agua “que hace ruido de mar” o una cajita dentada que acaba de comprar por Florida. Este catalán –que alguna vez fue ingeniero eléctrico y que se especializa en contar historias y enseñar a contarlas– dice que la suya empezó de casualidad. Y la cuenta a su modo


–¿Cómo sería eso de la casualidad?


-Cuando murió Franco, en 1975, abrimos con unos compañeros una librería en Mataró. Es una comarca entre el Mediterráneo y las montañas, cerca de Barcelona. Nos interesaban los libros que se editaban en Argentina, de Losada, que allá habían estado prohibidos. En el 81 la librería se inundó. Los libros estaban destruidos. Y de repente encontré unas cosas negras flotando en el agua. Eran letras que se habían despegado de los libros. Entonces decidimos pescarlas. Y secamos los libros. A los tres días teníamos las librería abierta otra vez y colgamos unos carteles que decían “sea autor de su propio libro: por cada libro de hojas blancas le damos un kilo de letras negras”. Así la gente escribió sus amores, sus fantasías, sus ideas. Nos hicimos ricos. La librería sigue en otra calle, asegurada contra cualquier tipo de inundación. Finalmente me jubilé y ahora me dedico a ser trajinante de cuentos.


–¿Qué debe tener una cuento para capturar la atención?


–La tierra de la historia, el hambre del conflicto, el fuego de la pasión, el aire de la inspiración y el espacio nuevo que lleva cada quien detrás del espejo.


–¿Todos esos elementos caben en tu valija?


–Sí. Salí con ella a narrar mis cosas para que cada uno encuentre sus respuestas. Los cuentos son hilos (saca una cajita de porcelana con forma de corazón que adentro tiene pedazos de lana de varios colores) que llegan a quien escucha. En cada persona hay una verdad. En los talleres de narración trabajo con niños, con adultos bajo esa idea.


–¿Los cuentos tienen la capacidad de decirnos quiénes somos?


–Claro. Las historias de hadas y los cuentos clásicos nos interesan porque cuentan esa parte de uno mismo, ese puzzle, esa búsqueda interna para encontrar razones y palabras y decir quién se es. Por eso el lenguaje y la literatura son tan importantes.


–¿Por qué trabajás con cuentos para chicos?


–Porque parten de lo más simple para mostrar cómo las cosas no son lo que parecen.


–¿Te sirven para formular preguntas que inspiran relatos?


–Más bien, para intentar respuestas. En general, las preguntas las tenemos. Los cuentos ayudan a darles forma. Por eso se dice que después de leer un libro, uno no es el mismo. Tampoco, después de contárselo a otros.


–Viendo todos los instrumentos musicales que tenés o esa caja de música con malabaristas que se mueven, da la sensación de que también la idea es jugar.


–Claro. El juego es esencial para contar y contarse a sí mismo


–¿Por qué se corta el juego cuando nos transformamos en adultos?


–Se corta pero se recupera. Los adultos jugamos en la intimidad, en algunos momentos, por fuera de la mirada exterior. ¿Por qué? Porque tengo miedo. ¿A qué? A que me juzguen, a que me comparen, a que no me quieran. El miedo anula el instinto.


–Eso cuenta Maurice Sendak en Donde viven los monstruos, que también asoma en tu valija.


–Mira, los adultos, como todos, tienen miedo de no ser aceptados porque tienen su costado monstruoso. Cuando era librero, aprendí que los lectores buscan en los libros sus propias historias. Y las buenas historias van más allá de lo que se supone que cada persona debe ser.


–¿Cómo creaste la Fiesta del Libro Gigante?


–En 1977 apareció la idea de recuperar el espacio público, luego de que el franquismo proclamara que la calle era de ellos. Cuando la democracia llegó a Cataluña nos juntamos un grupo de libreros y de ilustradores junto a un centro de estudios psicopedagógicos. Hicimos una fiesta de libros para que la gente compre. Pero también sabíamos que un libro es más que una mercancía. Entonces decidimos romper el mito de que sólo grandes autores pueden escribir. La idea era que los ciudadanos también pudieran ser autores, no sólo consumidores. Así creamos nuestro propio libro de cuentos en la calle, que es de todos. Encontramos lo que llamo "la fuerza del instante": un texto escrito por un niño o un adulto en el momento, un ilustrador que lo lee y dibuja una imagen simple, intuitiva. ¡Y tiene que hacerlo  rápido porque hay gente con su cuento haciendo cola! La fiesta se hace cada año desde entonces y celebra el libro como herramienta de comunicación de las emociones y los deseos. Esos libros se guardan luego en la biblioteca municipal. Así que cada tanto aparece un adulto con su hijo, los hojea y dice "mira, esto escribí yo cuando era niño como tú".


-¿Eso ocurrirá en Buenos Aires?


-Es la propuesta. Como es la primera vez que lo haremos, será una semilla. Si ustedes nos dieron los libros de Losada, ahora les devolvemos esta fiesta.

Fuente: Tiempo Argentino

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