miércoles, 10 de abril de 2013

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A puro cuento en La Habana

Federico Barroso Lelouche y Laura Parraquini, el matrimonio de jóvenes actores tresarroyenses creador del proyecto Cuentos en las Orejas, representó a nuestro país en el Festival Internacional de Narración Oral Primavera de Cuento. La historia de una experiencia -y de una iniciativa- que nació "por casualidad" que que hoy sigue creciendo desde la autogestión

 

El dúo de narración oral Cuentos en las Orejas, integrado por los tresarroyenses Laura Parraquini y Federico Barroso Lelouche, representó a la Argentina en el Festival Internacional de Narración Oral Primavera de Cuentos, que se realizó desde el 18 y hasta el 24 de marzo último en la mítica ciudad de La Habana.
El festival recibió la llegada de la primavera al hemisferio boreal desgranando el hermoso colorido de sus historias, para festejar el Día Internacional de la Narración Oral (20 de marzo), junto a artistas representantes de España, Chile, Perú, Burkina Faso, México, Senegal, Uruguay, Venezuela, Cuba y Argentina.
Con el apoyo de la Dirección de Asuntos Culturales del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto de la Argentina, los jóvenes artistas narraron su cuento "El día que Enzo descubrió su sombra" en la Biblioteca Rubén Martínez Villena y además brindaron el taller "Escritura colectiva para narrar historias de autoría propia", durante las Jornadas de Superación para Narradores, organizada por el Aula de Teoría y Pensamiento del Foro de Narración Oral del Gran Teatro de La Habana.
Laura Parraquini y Federico Barroso Lelouche comparten, desde el año 1999, un camino de estudio y desarrollo de actividades artísticas, desempeñándose además en el teatro y el cine.
Cabe recordar que el proyecto Cuentos en las Orejas -que incluye la escritura, edición y narración de cuentos infantiles- fue estrenado en enero del 2011 con sus funciones en la Biblioteca Bernardo Houssay de Claromecó y ha recorrido un fructífero camino, presentándose en escuelas, bibliotecas, ferias y eventos de diversas ciudades y pueblos del país. El azar -o no- quiso que la función número 100 haya sido presentada en la capital cubana.

Una experiencia reveladora
Recién llegados al país, y con las alforjas llenas de riquísimas experiencias tanto en lo profesional como en lo personal, el matrimonio de artistas volvió fascinado con el desarrollo que el género elegido tiene en algunos países latinoamericanos. En diálogo telefónico con este diario desde su casa en Buenos Aires, Barroso Lelouche relató la experiencia vivida como así también hizo un repaso por la historia de "Cuentos en las Orejas", este proyecto que, según dice, nació casi "por casualidad".

- ¿Cómo surgió la posibilidad de participar de este festival?
- El año pasado recibimos una carta formal de invitación de los organizadores, para participar de la edición anterior, y nosotros teníamos la intención de pedir los pasajes al Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto. Bueno, eso lleva mucho tiempo, hay que pedirlos con mucha antelación, así que por eso no pudimos estar presentes en la edición 2012 pero sí en esta oportunidad. Parece que supieron de nosotros por la Feria del Libro de Buenos Aires, quizás alguien de la organización de allá ha estado en Buenos Aires y nos han visto. Y así llegamos hasta allá.

- ¿Y cómo fue la experiencia?
- Estuvo buenísimo, porque en realidad esto de la narración oral en la Argentina no tiene un desarrollo como género en sí mismo, como expresión artística separada de las otras. Existe, claro, pero no tiene el desarrollo que sí tiene en países como Ecuador, Colombia, Venezuela, o Cuba, justamente, que serían los tres o cuatro principales aquí en América Latina. En estos países es realmente notable. Aquí, la Feria Internacional del Libro constituye en sí mismo el punto de encuentro de cuentistas, no porque esté pensado como tal, pero indefectiblemente uno va a narrar y se encuentra con otros narradores. Pero estaba bueno salir de Argentina como para tener esa experiencia y la verdad que fue fantástica.

- Cada narrador responde a su propia idiosincrasia, a su propio país, a su propia cultura. ¿Qué tipo de narraciones se desarrollan en los distintos lugares de Latinoamérica?
- Observamos que se le da mucha preponderancia a lo que son narraciones folclóricas, el rescate de lo que tiene que ver con leyendas o con cuestiones populares. Cuba, por ejemplo, que tenía el mayor número de narradores del festival, tenía muchísimas narraciones que tenían que ver con toda la idiosincrasia afrodescendiente, con todas las leyendas de los afro y mucha leyenda de pescadores. Después los que íbamos de afuera por lo general éramos más narradores de cuentos literarios, como los nuestros, digamos. En realidad es el género que nos define, ¿no?, contamos cuentos que están escritos sobre un papel, y que son nuestros. Al respecto también había narradores de cuentos propios -aunque éramos muy pocos- y narradores intérpretes de cuentos ajenos. Y los de Perú, por ejemplo, hablaban de la amazonía y de la tenencia de la tierra y de ese tipo de cosas, a través de ficciones.

- Fueron días muy intensos, de mucha actividad...
- Sí. Fueron seis días de funciones a la mañana y a la tarde y las veíamos todas, obviamente. Había cinco sedes distintas. Hay un desarrollo sorprendente, al menos ahí en La Habana, porque el público asistía, las salas estaban llenas, a cualquier hora, cualquier día. Desde ya que es un país donde la cultura está totalmente subsidiada y una entrada de cine cuesta lo que acá serían 25 centavos, más o menos. Asimismo no es el motivo por el cual la gente va, sino porque le interesa. O sea que eso, que nos encontramos con mucho desarrollo de la narración, por la cantidad de narradores cubanos que vimos, por la cantidad de sedes y por la cantidad de público y de todas las edades.

- ¿Y cuál fue la repercusión de sus cuentos, de esta propuesta para los chicos?
- Bueno, nuestro primer temor tenía que ver con eso, con la repercusión. Imaginate que en la narración oral es sólo la palabra principalmente el signo que está comunicando. Temíamos que no fueran comprendidos algunos modismos o palabras bien nuestras allá. Pero a la vez no queríamos reprimir nuestra idiosincrasia, nuestros modismos, nuestra manera de llamar a las cosas, y a los lugares y demás. Estábamos en esa disyuntiva. Pero no, funcionó perfectamente.

- ¿Cuántos cuentos pudieron contar, y cuántos chicos los escucharon?
- Sólo hicimos funciones de uno de nuestros cuentos, que fue "El día que Enzo descubrió su sombra", y se realizaron en la Biblioteca Rubén Martínez Villena. Y fue así por una cuestión práctica, porque nos acompañamos con algunos instrumentos musicales. Y la repercusión en los niños fue muy satisfactoria. Allí les llaman "Los pioneros de Martí", es decir, los alumnos de escuela primaria, na.
Eran cuarenta chicos por función, que es lo que manejamos nosotros, ya que al terminar la narración nosotros hacemos un taller de escritura colectiva. Es en síntesis el mismo formato que hacemos en escuelas acá en la Argentina, tanto en la biblioteca de Claromecó como en la Feria del Libro de Buenos Aires. Y es prudente que los grupos sean reducidos para poder estar presentes y brindar la asistencia necesaria para que realmente se produzca la creación colectiva. Por eso el número.

-¿Qué particularidades tienen los niños cubanos con respecto a los argentinos?
- Tuvimos la impresión de que son niños por ahí muy respetuosos, aunque no se si es un respeto sentido o dolido. Es decir, respetan porque les dicen que tienen que respetar, claramente: se los veía entrar en silencio y ordenadamente y acá en Buenos Aires hay que trabajar para que eso suceda. Por ahí más expectantes que protagonistas teniendo en cuenta de que son niños de una capital de país, como La Habana. Eran más parecidos a pibes argentinos de los pueblos del interior.

FUENTE: LA VOZ DEL PUEBLO

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