martes, 22 de enero de 2013

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Cuentos contados: los narradores orales ocupan el centro de la escena

Cada vez son más los que eligen contratarlos para festejar un cumpleaños, un aniversario o una fiesta de matrimonio

Por Silvina Premat | LA NACION

"Contada" en la Biblioteca La Sudestada, de Florida. Foto: Gentileza Marcelo Maspoch y Juana La Rosa

No comienzan con "había una vez" ni terminan con "... y colorín colorado...", aunque sí pueden usar los mismos gestos, pausas y tonos de voz de quien cuenta una historia infantil. Pero quienes los escuchan no son niños, sino adultos a los que cuentan cuentos para adultos.

Son los narradores orales a quienes hasta hace poco se veía en algún café, sala de teatro, museo, biblioteca o centro cultural y que ahora también son convocados para hacer "contadas" durante festejos de cumpleaños, aniversarios, el día del amigo y hasta casamientos.

Son un regalo que recibe el homenajeado o la sorpresa que el anfitrión ofrece a sus invitados. Por 50 minutos o una hora de relatos pueden cobrar entre 500 y 2000 pesos. Según lo solicitado serán cuentos humorístico, reflexivos, románticos, dramáticos, eróticos, de suspenso; escritos por autores conocidos, desconocidos o por los mismos narradores.

"En una reunión social, lo más común es que pidan cuentos para distraerse, que ayuden a la reflexión o también de humor", dijo a LA NACION Juana La Rosa, ex integrante del grupo "Los cuenteros", uno de los pioneros del género, creado en 1987 y de donde también salieron Ana María Bobo, Marta Lorente y Mirian García, entre otros narradores.

La Rosa recuerda que en el primer encuentro nacional de narradores, en el marco de la Feria del Libro, en 1996, se inscribieron 160 profesionales. En 2012 ese evento cerró las inscripciones con el cupo completo, unos 700 narradores. También, desde 1996, el Círculo de Cuentacuentos de Buenos Aires organiza el Festival Internacional de Narración Oral con cientos de inscriptos. La difusión de la narración oral se dio en la última década aquí en simultáneo con otros países latinoamericanos, como Colombia y Venezuela.

Vivi García, narrando un cuento en un festejo de cumpleaños. Foto: Gentileza Marcelo Maspoch y Juana La Rosa

"Yo inicié esta movida de cuentos para adultos en un café de San Telmo, donde íbamos con María Heguiz en 1982", dijo Juan Moreno, para quien la multiplicación de narradores orales puede distorsionar el oficio. "Parece fácil: hablar o estudiar un cuento de memoria y repetirlo. Pero eso no es contar un cuento", dijo y acentuó que para contar bien hay que tener habilidades artísticas y conocer mucho de literatura.

A diferencia del que recita un texto, el narrador no lo dice de memoria, si bien lo conoce. Le introduce espontáneamente gestos, pausas o alguna expresión adecuada a su significado. El narrador tampoco es un actor.

"En la narración uno cuenta desde uno mismo las historias en tercera o primera persona. No compone un personaje, como lo hace el actor", dijo Sonia Marotto, que llegó a la narración buscando una actividad artística en el tiempo que le deja su trabajo como profesional de seguridad e higiene, y las clases de protección contra incendios que da en esa carrera terciaria.

"No parece que está contando un cuento sino algo que le pasó o vio ella. Es muy creíble. Me impactó muy bien y a nuestros invitados, también", dijo Marcelo Maspoch que al término de la cena en la que festejaba con una veintena de familiares y amigos sus 50 años, días pasados, recibió como regalo sorpresa de Delia, su esposa, una "contada" de la narradora Vivi García.

Maestra y bibliotecaria, García es narradora desde hace 18 años. Comenzó con esto cuando vio que sus alumnos prestaban más atención cuando ella contaba un cuento y, menos, cuando leía.

"En una fiesta o reunión a veces se percibe que algunos adultos se sienten como invadidos, pero en general he tenido experiencias muy buenas", dijo García, que coordina el grupo Palabra Solidaria, que hace contadas a beneficio, y es formadora de narradores en Casa de Letras y Manzana de las Luces.

La incursión de la narración oral en una época de comunicación virtual por excelencia encontraría su origen, según García, en "la necesidad de contarnos las cosas cara a cara".

Para Patricia Mejalelaty, directora de Fundación Leer, el crecimiento de la narración oral "tiene que ver con recuperar la palabra; recuperar tus propias historias y poner en juego aquellas que nos han sido leídas. Es un proceso sumamente enriquecedor tanto para el que narra como para el que escucha".

"Es diferente de leer, que te lean o que te cuenten algo, como son diferentes las imágenes que se hace el narrador y el que escucha", agregó Marotto, miembro del grupo Boca Florida.

Carlos León, un ingeniero agrónomo que convocó a La Rosa para celebrar los 50 años de su pareja con Zully, en una reunión con unos 60 invitados entre los que había varios niños, dijo: "Todos se prendieron. Creo que esto de escuchar cuentos tiene algo atávico, que se remonta a la niñez. Además, la narración invita a leer y a valorar la palabra".

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