viernes, 24 de agosto de 2012

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Fusión cuento de tradición oral-cuento literario

Extracto de la Ponencia El cuento de tradición oral y el cuento literario: de la narración a la lectura de Pascuala Morote Magán

Queremos llamar la atención sobre la simbiosis existente entre el cuento de tradición oral y el cuento literario en la literatura española. Podemos afirmar que muchos cuentos literarios nacen en los de tradición popular, o toman de ellos su núcleo argumental. Por poco que hayamos rastreado en las colecciones de cuentos recogidos en la geografía española, hemos podido observar que muchos de sus temas y motivos se encuentran ya desde la Edad Media, a partir de cuatro grandes colecciones de cuentos, que sirvieron de fuente de inspiración a otros que se transmitieron oralmente o que se escribieron con posterioridad:

  1. La Disciplina Clericalis, colección de treinta y cuatro cuentos orientales, escritos en latín del siglo XII, por el judío converso Pedro Alfonso con la finalidad de aconsejar a los clérigos.
  2. El Calila e Dimna, traducido del árabe por mandato de Alfonso X en el siglo XIII. Consta de una colección de fábulas indias procedentes en su mayor parte del Panchatantra. El título del libro se debe al nombre de dos lobos hermanos que viven en la corte del león, cuyas conversaciones dan lugar a multitud de fábulas, que pasan a la literatura posterior y perviven bajo diferentes formas.
  3. El Sendebar o Libro de los engaños et los asayamientos de las mujeres, colección de cuentos de origen indio, vertidos al persa y de este al árabe, de donde se tradujeron al español por mandato de Don Fadrique, hermano de Don Alfonso X, en 1253.
  4. Barlaam y Josafat, colección de cuentos indios que llegaron al castellano a través de una versión griega.

En el siglo XIV Don Juan Manuel escribe el Conde Lucanor o Libro de Patronio, colección de cuentos con finalidad educativa, muchos de los cuales han pasado a la literatura posterior más o menos reelaborados, como el «de lo que acontesció a un ome que por pobreza et mengua de otra vianda comía altramuces», el de «los burladores que tejieron el paño mágico». (El traje nuevo del emperador, El retablo de las maravillas...), el de «Doña Truhana» (La lechera), etc.

Esta fusión entre lo culto y lo popular no nos abandonará ya nunca, pues en el siglo XIV el Arcipreste de Hita en su Libro del Buen Amor, vuelve a intercalar fábulas y cuentos de la tradición en su obra, igual que el Arcipreste de Talavera hace a mediados del siglo XV en El Corbacho o reprobación de las mujeres y en los siglos de oro las obras teatrales de Calderón de la Barca, Lope de Vega, Tirso de Molina... están plagadas de cuentos, anécdotas y sucedidos que los autores ponen en boca de sus personajes.

De la misma forma la novela se impregna de lo popular y de las narraciones tradicionales en el siglo XVI con el Lazarillo de Tormes, Sobremesa y Alivio de Caminantes y El Patrañuelo de Juan de Timoneda. En el XVII con Cervantes (Cuentos intercalados en el Quijote y en La galatea) y al llegar el siglo XIX se vuelve a revitalizar el cuento de tradición oral con los grandes novelistas de la época, que son, a su vez, grandes cuentistas. Fernán Caballero, El Padre Coloma, Blasco Ibáñez y Juan Valera recogen cuentos y los literaturizan y Clarín y la Pardo Bazán, entre otros, escriben sus propios cuentos, por cuyos temas y personajes se aproximan a las características realistas y cuasi naturalistas del momento que les tocó vivir.

En la literatura actual concretamente en la novela encontramos supervivencias de relatos tradicionales que se utilizan como activación de recuerdos:

La reina de las nieves de Carmen Martín Gaite; Entre líneas. El cuento o la vida de Luis Landero (Tusquets 2001); Azulete, de Germán Gullón (Destino 2000); El niño del ingenio de azúcar de José Luis do Rego (Celeste 2000). En este último libro el protagonista-niño se va formando literariamente, fascinado por las obras literarias que le cuenta la vieja Totonha, que era como una edición viva de Las mil y una noches y también por los relatos que le cuenta su abuelo y que él mismo reelabora para contárselos a su prima Clara y dejarla asombrada. En El pequeño heredero de Gustavo Martín Garzo, al niño le cuentan historias y en otra obra del mismo autor El valle de las gigantas, también a Lázaro le cuenta historias su abuelo.

Igualmente sucede en la literatura infantil y juvenil, dentro de la cual se valora la propia literatura, especialmente los relatos de tradición oral; recordemos en este sentido a Peter Pan; y en publicaciones recientes Nube de noviembre de Ruben Hilary, libro de relatos plagado de historias y cuentos sobre los masais. En El guardián de las palabras de David Kirschner y David Casi, sus autores nos adentran en otros libros, ya que nos muestran la historia de un niño que huyendo de peligros diversos se refugia en una biblioteca y allí descubre otros libros como La isla del tesoro, Veinte mil leguas de viaje submarino, Alicia en el País de las Maravillas, etc., etc; su protagonista Richard escala montañas y acantilados hechos con libros, salta abismos, asciende por la mata de habichuelas mágicas y es salvado por la alfombra de Las mil y una noches.

En la actualidad estamos asistiendo a otro proceso de revitalización del género cuento, tanto literario como popular, a lo que contribuye la moda de contar cuentos por una parte y al esfuerzo de algunas editoriales como Siruela, Mondadori, Espasa, y Anaya, entre otras, para relanzar viejas y nuevas colecciones de cuentos, con lo que están contribuyendo o pueden contribuir al aumento del número de lectores, lo cual siempre es una labor encomiable.

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