miércoles, 30 de mayo de 2012

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"Recomendaciones para contar cuentos" por Alicia Caraballo Rosendo

 

Una manera de estimular el lenguaje y la imaginación, es a través de los cuentos.

Los cuentos son alimento para crecer, como los cereales del desayuno. Contribuyen a la formación de los niños porque desarrollan su imaginación, enriquecen su mundo interior, les permiten ampliar su vocabulario y mejorar su lenguaje y su capacidad de comunicación. Se sabe que los niños que oyen desde muy pronto la “música de las palabras”, aunque no las entiendan todas, pueden comprender mejor y antes textos más complejos, más largos, porque el pensamiento se desarrolla y se “afina” de acuerdo con el vocabulario del que se dispone. También, los cuentos desarrollan el sentido crítico, favorecen el conocimiento de uno mismo y la inserción en el mundo.

EXISTEN TRES MOMENTOS EN LA NARRACIÓN DE CUENTOS:

El proceso de asimilación del cuento

  • Elegir cuentos en los que uno se sienta estética y emocionalmente implicado, según la vivencia personal.
  • Leer o escuchar el cuento varias veces.
  • Preguntarse acerca de lo que en él hay de interesante: la importancia de los personajes, de la intriga, del ambiente, del humor, etc.
  • Prever dónde hay que poner énfasis o dónde están los pasajes que deben decirse con voz calmada, las pausas largas o cortas, las palabras o frases en las que hay que hacer sentir tal o cual emoción.
  • Releerlo dos o tres veces para escucharse a sí mismo y dominar el ritmo.
  • Ordenar mentalmente la progresión del cuento. A veces es bueno escribir el esquema argumental en una hoja, pero como simple ejercicio de preparación.
  • Visualizar los personajes: conferirles una imagen característica.
  • Memorizar fórmulas verbales: rimas, diálogos, repeticiones, comparaciones.
  • Verificar si uno recuerda correctamente la estructura de la historia, los nombres, las características de los personajes y de los lugares donde se desarrolla la acción.
  • Comenzar a decir el cuento en voz alta: apropiarse de él. Contarlo al niño/a que permanece en nuestro interior. Escuchar la propia voz, procurar una dicción clara, valorar la entonación, el ritmo. Comprobar el grado de asimilación del cuento. Sin prisas. Una y otra vez.
  • También es útil narrarlo a alguien (un familiar, una amigo) o utilizar un grabador para así perfeccionarse.
  • Trabajar por separado cada uno de estos aspectos:
  • Sonorizar el cuento: articular y modular palabras sonoras o rimadas y onomatopeyas; resaltar momentos sonoros (silbido, llanto-lamento, gruñido, susurro, carcajada, suspiro…).
  • Dar expresividad a la voz: entonación y timbre, para diferenciar al narrador y a cada personaje.
  • Ensayar repetidas veces el comienzo y el final, hasta lograr una absoluta fidelidad y seguridad en lo que se va a decir.
  • Trabajar los diálogos para establecer los anexos y hacer sentir el cambio de personajes.
  • Retener las palabras que son propias del cuento, prever sinónimos, si es posible.
  • Aprender las “fórmulas” o repeticiones que serán utilizadas para captar la atención de los niños y niñas.

El momento de prepararse para contar el cuento

  • Tratar de establecer un momento específico del día para contar el cuento.
  • Tener presente el número de oyentes y su edad.
  • Visualizar el cuento interiormente antes de comenzar.
  • Recordar las fórmulas de comienzo y cierre, de diálogo, conjuros, avisos, juegos, canciones,…
  • Distribuir el espacio: organizar a los espectadores, reservar un sitio propio donde se pueda sentir a todos los oyentes.
  • Escoger la posición más adecuada, como uno crea que se sentirá mejor. De pie, podemos expresarnos más libremente y manejar con mayor libertad los materiales o los objetos, en caso de utilizarlos. Sentados, creamos un ambiente más íntimo y ponemos más énfasis en la voz que en los gestos.
  • Si se ha decidido utilizar ilustraciones, objetos o marionetas, hay que asegurarse de que todos los niños los vean.
  • En la medida de lo posible, crear un rito para anunciar el momento en que se va a narrar o leer una historia.
  • Establecer un clima relajado. Presentar el cuento. Esperar el silencio. Mirar a todos los oyentes, creando un pacto no verbal de comunicación y atención.
  • Permitir que los niños “entren” en la historia; al iniciar la narración o lectura, dejar pasar unos minutos para aumentar luego el ritmo.

Durante la narración del cuento

  • Sentir las cualidades del narrador que goza contando: actitud serena, dominio de sí mismo, alegría, buen humor, capacidad de improvisación verbal, vivacidad comunicativa, sintonía con los oyentes,…
  • Narrar y leer tanas veces y tan frecuentemente como uno mismo y los niños tengan ganas y tiempo de hacerlo.
  • Recordar que escuchar es un don que se adquiere. Ser paciente si al comienzo los niños no pueden concentrarse en la historia.
  • No temer a los olvidos: la narración es flexible.
  • Modular la entonación de acuerdo con el contenido del cuento, para diferenciar a los personajes y al narrador. Cambiar el tono de voz a medida que la historia lo exija, pero con naturalidad.
  • Leer y hablar despacio; se debe permitir a los niños construir una imagen mental de lo que acaban de escuchar.
  • Percibir el ritmo emocional en los oyentes: observar en el ambiente la resonancia de la acción. Recibir los comentarios de los niños. Son pistas valiosas para comprender el cuento desde la sensibilidad infantil.
  • Hacer al público partícipe y cómplice: crear pausas que aumente la expectación, invitar a intervenir con las onomatopeyas que aparecen en el cuento.
  • Terminar (siempre que sea posible) la historia. Si hemos empezado a contar algo, debemos intentar concluirlo.
  • Dar tanta importancia al autor o al origen del cuento, como al cuento mismo. Es una forma de hacer entender a los niños que los libros son escritos por personajes y no por máquinas.

Como conclusión decir que para realizar una buena narración no debemos narrar o leer historias que uno mismo no disfrute, no insistir en una lectura si se da uno cuenta de que la elección no ha sido la correcta y por último no olvidar el nivel intelectual y emocional de los niños y niñas.

REFERENCIA BIBLIOGRÁFICA:

  • SARA C. BRYANT ``El arte de contar cuentos ´´, Ed. Hogar del libro.

Fuente: Papeles de Educación

 

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