martes, 6 de diciembre de 2011

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´Hemos perdido a la generación de contar historias´



SANTA CRUZ DE TENERIFE Carles García lleva 28 años de su vida contando cuentos, desde su profesión de economista y desde su pasión de narrador, heredada de su familia. Este narrador riojano trae esta semana hasta el pueblo de Los Silos varios espectáculos de cuentos para soñar y emocionar a todos los públicos. Y espera que las historias que él cuente pasen, también, de generación en generación.

–Lleva 28 años en el mundo de los cuentos por tradición familiar.

–Soy la nueva generación de una familia de narradores y buhoneros. Cuando no había radio, ni televisión, ni periódicos, los buhoneros se convertían no solamente en vendedores ambulantes sino que les pagaban por transmitir noticias y contar historias. Era una forma de conseguirse un sobresueldo o conseguir un mejor lugar para dormir, y esa tradición es la que me ha llegado a mí. Yo ya no me he dedicado a vender por los caminos, me he hecho economista y sigo contando esos cuentos de la familia.

–Está implicado en un proyecto de recuperación oral de narraciones de la trashumancia y el Camino de Santiago.

–Cuando empecé a investigar me di cuenta de que mi familia hacía un tipo de narración, y luego había dos tipos de narradores, uno eran los ciegos que se dedicaban a contar historias y a veces imprimían los romances que ellos contaban, los ponían en un cordel y los vendían y luego estaban los cómicos, que derivaron en compañías de teatro, de titiriteros, magos, y también narradores y cuentistas y esas compañías solían desplazarse por los mercados, y por los caminos habituales del turismo religioso. Nos interesó este aspecto y hemos hecho una recopilación de cuentos, leyendas y músicas del Camino de Santiago. Y después nos pidieron que hiciéramos una trabajo de recopilación de la Sierra, de los cuentos de pastores. La Península está llena de caminos donde los pastores se iban encontrando con caminantes y diversas músicas. Y hemos estado recopilando cuentos y leyendas de los pastores donde el desaparecido lobo forma parte fundamental.

–¿Ha sido difícil recopilar todas esas historias orales?

–Ha sido complicado porque, por desgracia, estamos perdiendo las generaciones que todavía contaban historias. Esa generación se ha perdido. Pero, afortunadamente en los pueblos existen pequeños historiadores aficionados que han ido escuchando a los mayores y han ido pasando a escritos muchas de estas historias, aunque no se han publicado. Y también hemos tenido la oportunidad de encontrar a tres personas mayores que sabían historias y cuentos.

–¿Qué tiene que tener un cuento para atrapar?

–Lo fundamental es que la persona que lo cuente se emocione, que alguien te cuente un cuento y sientas la necesidad de contarlo, eso es fundamental. Y si te vas a subir a un escenario y tienes conocimientos teatrales será mejor. Deberían seguir contándose cuentos. Cualquier persona puede contar un cuento.

–¿Qué es lo que más le gusta de contar cuentos en voz alta?

–Teniendo en cuenta que no soy un narrador profesional, que me sigo dedicando a la economía, por mi desgracia y la de los demás. Contar cuentos me ha venido muy bien para mi profesión.

–¿Los economistas son unos cuentistas?

–Efectivamente, la economía tiene una parte de verborrea, sino cómo te crees que te venden las hipotecas (risas). Lo que más me gusta de contar cuentos es que estoy transmitiendo una cosa que me transmitieron a mi, sentirme dentro de una corriente, de una familia, de un arte que viene de siglos y siglos. Y me gusta contar a los niños, por la cara de perplejidad, ese silencio durante media hora en el que te miran y se quedan sorprendidos. Una vez contando cuentos se me acercó una niña muy pequeña y me dice ¿tú eres de verdad?, escuchas eso y no hay satisfacción mayor. Solo conseguir eso para los adultos, que se olviden por un momento de la prisa, y que se sienten a escuchar y que les consigas emocionar no tiene precio, tocar a alguien con la mano de las palabras sin necesidad de escenografía es fantástico.

–Es socio fundador del Colectivo Fábula que nació para promocionar la lectura.

–La narración de este país ha venido de la mano de las bibliotecas y me di cuenta de la importancia que tenía la narración oral para introducir la lectura y creamos un colectivo con otro compañeros que trabajamos en animación a la lectura y a la escritura.

–¿La narración es una forma de fomentar la lectura?

–Es una forma de promocionar el libro y eso es importante y a partir de ahí se pueden hacer muchos ejercicios de escritura y creo que se llega más a la lectura a través de la escritura que al revés.

–¿Qué historias trae a Los Silos?

–He traído 4 tipos de historia porque voy a hacer una cosa con vino. Soy de La Rioja y el vino está presente constantemente y aquí en la Isla, también. Me planteé si existe un tipo de literatura para cada tipo de vino y de ahí nació este trabajo. Para El Quijote me imagino un vino con cuerpo, con mucho aroma, esos vinos del siglo XVII que casi se masticaban. He traído un trabajo para los niños muy divertido que se llama El secreto, son cuentos sobre la importancia de no decirlo todo y no cuento el final del cuento y esto ha generado principios de rebelión. Me gusta la idea de que cada uno tiene que buscar su final, porque en la vida los finales no te los dan hechos. Y voy a hacer para adultos cuentos sobre el diablo, donde es un pobre personaje triste y perdedor. Y la otra sesión, le hago un homenaje a mi padre, son cosas sobre mi padre y los dos únicos cuentos que me contó en la vida y la filosofía que tenía él de estar siempre soñando independientemente del resultado de esos sueños.

–También es socio fundador de la editorial Tándem, dedicada al público infantil y juvenil.

–Llevamos una producción editorial bastante importante, la mayor parte de la producción es en valenciano y el 40% en castellano. Es una editorial en la que venimos todo del mundo de la narración y el dibujo y buscábamos una editorial que cuidara lo mayor posible, al autor, al ilustrador y al propio libro. Hoy en día una editorial es el negocio más ruinoso porque termina uno editando sueños y los sueños, a veces, no se venden . Por eso editamos también poesía, lo cual es la ruina absoluta.
Fuente: La Opinión

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