jueves, 22 de septiembre de 2011

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Artículo: Los cuenteros, los cuentos, su procedencia geográfica y su procesamiento

 

El acto de narrar cuentos populares tradicionales resulta ser un arte de especialistas. Todas las personas pueden contar, pero la habilidad de narrar es algo que se gana con la práctica y el conocimiento serio y sistemático de los contenidos y estructura de las narraciones que vienen siendo transmitidas por la tradición oral de una generación a otra de narradores.

La habilidad de narrar se adquiere en la vida y siguiendo el principio básico de aprender a escuchar[1]

El interés por llegar a ser un buen narrador de cuentos se puede apreciar en el testimonio de don José Ángel Tejada: Mi papá era contador de cuentos y, cuando él se ponía a contar cuentos con otras gentes, yo no me dormía mientras que no terminaran el último cuento, pero mi papá amanecía contando cuentos con otro señor que todavía vive, que se llama Saúl Mercado; el papá era contador de cuentos y se los aprendió al papá y los contaba él y yo no me perdía un cuento de esos, me los iba grabando.

Ahora que yo oigo que un cuentero está contando cuentos, yo me voy agarro otro o dos que yo oigo, así me voy yendo. Yo vi un viejito que por mal apodo le decían Pedro Mico, su nombre era Pedro Castellanos, yo le pagaba para que contara cuentos. Pero con aquello que si usted me contaba un cuento ahorita y otro me decía que se lo contara, yo se lo contaba y así se me fueron grabando en la mente mía y así es que yo aprendí a contar esos cuentos.

Consultado con respecto a la estructura y contenido de un buen cuento en el acto de narrar, don José Ángel nos manifiesta: El secreto es agarrar el principio, a medida que se va contando el cuento se va acordando de lo que sigue, cuando voy por una carretera me estoy acordando, pensando por donde tengo que pasar, uno tiene que llevar como un camino, como cuando uno va en un camino, sigue y sigue, así es el cuento, no es que va ir a hablar y hablar y no tiene una guía, lleva una guía.

En cuanto a la clave para aprender bien un cuento, nos manifestó: Ponerle asunto, que no platique con nadie, ponerle asunto, usted sólo está observando, escuchando, está grabando en la mente, es el secreto, no estar platicando, sólo estar allí quedito, reírse si puede, pero poner cuidado, yo así hago y yo el cuento lo capto inmediatamente.

Don José Ángel nos comentó que los mejores momentos y lugares para la narración de cuentos son los velorios y reuniones nocturnas que pueden darse de forma espontánea. Sobre las funciones del cuento, se refiere así: Nosotros los contamos por diversión, algunos dejan una buena enseñanza, no le digo cuáles porque son muchos, pero hay algunos que inician la historia de hoy. Otra es de que los cuentos son como un recordatorio de los tiempos que pasaron, eso creo que surgió en aquellos tiempos, en algunos sucedió y en algotros no surgió.

El placer del acto de narrar y escuchar cuentos es mutuo, pues tanto disfruta el narrador como el oyente, lo cual se ilustra en el siguiente testimonio: En algunos cuentos porque tienen diversión, en algotros dependiendo de quién los cuenta. Les gusta porque el que los cuenta es gracioso y les pone chispa, entonces allí pasan el rato.

Consultando a don José Ángel acerca de la forma de asegurar la transmisión de la sabiduría de los narradores populares, tanto a nivel informal como en la escuela, nos expresó: Solamente contándoselos es que se puede asegurar que no se pierdan. Los niños, principalmente cuando hay alguien con gracia para contarles cuentos, son como una grabadora de esas, se aprenden bien los cuentos y luego los irán modificando en la medida que van conociendo y viviendo más la vida. Nunca he ido a contar cuentos a una escuela, pero me imagino que sería como un maestro, que da clases en una escuela, que si alguien nunca los ha oído nunca los aprende. Sí, porque yo tengo un hermano que me ha oído unos a mí y otros a sus compañeros y ya sabe bastantes cuentos también.

En definitiva, ser un buen narrador es un proceso de formación, que comienza desde muy temprana edad, en la medida que la persona va pasando por diferentes procesos de socialización, de percepción, apropiación y reelaboración del contexto socio-ambiental en que va teniendo lugar la vida cotidiana. Si tomamos el ejemplo de don José Ángel, al igual que los otros narradores incluidos en este libro, veremos que la sensibilidad y la riqueza de conocimientos que contribuyen a su excelencia como narradores, seguramente tienen su fundamento desde su más tierna infancia: Nosotros jugábamos con unos huesos de vaca, de unos que tienen un ensamble así, entonces veníamos y les hacíamos unos hoyitos y les poníamos yugo y por enmedio le poníamos un pedacito de palo y decíamos que andábamos jalando trozos, eran yuntas de bueyes. También con casitas, pero jugaba con mis tres hermanos, no con los de la calle porque mi mamá era delicada. Cuando estaba más grande andaba con ondas en los montes, matando animales, ese era el oficio de nosotros con otros primos hermanos que yo tenía la historia curiosa de mi vida son mís amistades, eso es lo muy bueno que yo he tenido en mi vida, porque yo tengo amigos de alto nivel y si usted me mira, no va a creer que yo soy, que tengo amigos de plata y pobres, a mi me platican doctores, licenciados, ingenieros, bueno... de todo y me llevan a la casa y me atienden bien, no sé por qué, yo soy pobre, por eso le doy gracias al Señor que él ha sido mi felicidad. Los fracasos en los trabajos de la tierra... no tengo suerte para los cultivos, allí sí estoy acomplejado en mi vida porque me mato por gusto, pero no reniego.

En los testimonios anteriores se puede apreciar con claridad el significado, función e importancia de la narrativa oral tradicional, dentro del proceso de desarrollo de la vida de los narradores populares y de los demás miembros de la sociedad en que se desenvuelven.

La visión sobre estos aspectos ha sido una constante en éste y otros narradores populares tradicionales que hemos entrevistado en el proceso de recolección de las muestras de cuentos folklóricos hondureños de este volumen.

Material tomado prestado para compartir del libro: CUENTOS FOLKLORICOS Hondureños, Mario Ardón Mejía (FEBLI) 1998

En el blog TEJIENDO CUENTOS, pueden encontrar algunos de estos cuentos


[1] Dice un indígena que tenemos dos oídos y una boca. por lo que, en la vida, debemos escuchar por lo menos el doble de lo que hablamos

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