martes, 21 de junio de 2011

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Medicina narrativa, un recurso para humanizar la profesión

Estas son las cosas que me despiertan sonrisas en medio de tanta pena por los horrores que los seres humanos somos capaces de hacer. No sé si equilibra la balanza, pero al menos le hace mimos a mi alma y renueva mis ganas, ¿y a ustedes?

Son pediatras que impulsan a sus pacientes a contar o escribir lo que les está pasando

Esta nota es sobre la palabra. Sobre el valor que tiene la palabra escrita, narrada o pronunciada cuando la vida está al borde de la vida. Esta nota habla de muchas historias que contaron varios médicos en la Primera Jornada Internacional de Medicina Narrativa, organizada por el Hospital Italiano, que apunta a humanizar la profesión y a los que trabajan con niños, invitando a los pacientitos a que escriban sus padeceres.

Porque no es lo mismo la mezquindad de una historia clínica mal garabateada que la fértil narración de ese mismo material saliendo de la boca del profesional o la interpretación que el paciente hace de su dolencia.

De ahí que un gran número de médicos, como el doctor Nicolás Cachiarelli -uno de los organizadores de las jornadas-, trocó esas palabras serias y a veces siniestras en discursos comprensivos para los chicos; cambió el contacto distante con los pacientes por canciones, cuentos, y los invitó a que narraran qué les ocurre cuando están internados o tienen que ir a control.

"Recuerdo un día en que estábamos en clase de gimnasia -escribió una nena, cuyo nombre nos reservamos-.De repente la pelota pasó por sobre mi cabeza, traté de pegarle y se me cayó la peluca. Creo que los demás se impresionaron más que yo, pero cuando me empecé a reír, todos se rieron conmigo. Fue muy gracioso."

Dijo Cachiarelli: "La medicina narrativa es un movimiento médico que pretende revisar sus modelos profesionales, tomando en cuenta su práctica asistencial y sus propias experiencias como pacientes. Lo que se pretende es enseñar la comunicación y la capacidad de escuchar e interpretar la historia de los pacientes".

Las jornadas fueron muy movilizadoras, especialmente cuando tomó la palabra Silvia Appel, psicopedagoga y psicooncóloga, que perdió a una hija por un tumor maligno cuando la nena tenía 12 años, hecho que describió en el libro Vivir sin Diana .

Ella, como el doctor Osvaldo Blanco, rector del Instituto Universitario del Hospital Italiano, las escritoras Ivonne Bordelois y Ana María Bovo, entre muchos otros profesionales e invitados internacionales narraron cómo se debe escuchar al cuerpo, las canciones que se inventan para que los chicos soporten cada una de las invasiones médicas en su cuerpo, cómo hacer frente a los padres que tratan de ayudar pero resultan perturbadores y, sobre todo, el arte de escuchar.

"La escritura -dijo Appel- tiene un valor en sí mismo y constituye una acción preventiva para un niño enfermo y, por eso, es importante acompañar la experiencia y documentarla, porque permite afrontar la adversidad, fortalecer y continuar. Mi tarea consiste en darle herramientas al paciente y acompañarlo para que, con sus propios recursos, pueda atravesar por la situación de enfermedad".

Ella, como otros profesionales que trabajan con materiales producidos por ellos mismos, dicen que el estado emocional de los niños mejora notablemente cuando se está capacitado para recibir lo que el paciente tiene para decir o para animarlo a que se exprese.

Porque es verdad que muchos de los pediatras que se enfrentan con enfermedades terminales o patologías severas tratan de alejarse afectivamente del problema, lo que les hace pensar a los padres que "ese doctor" no tiene alma. De ahí la tarea de narrar, de cualquier forma, pero narrar y narrarles a los chicos.

La princesa Jazmín

Otro de los testimonios de criaturas que pudieron hacer catarsis a través de la escritura es el siguiente: "Quería contarte algo, Silvia [la carta está dirigida a la licenciada Appel], antes cuando venías yo no quería hablarte y me hacía la dormida. Vos me acariciabas la cara, haciéndome mimos. ¡Y me gustaba! Aunque yo estaba con los ojos cerrados vos me hablabas y me decías que escriba lo que sintiera, que me iba a hacer bien. Un día te hice caso y pude inventar un cuento que te lo quiero regalar. Había una princesa que se llamaba Jazmín...".

Más allá de las lágrimas, cuando le tocó al público hacer preguntas, una joven pediatra dijo: "Y qué podemos hacer con los chicos sanos".

El doctor Blanco respondió: "Las familias se fijan siempre en lo que nos fijamos nosotros y nosotros muchas veces nos olvidamos de hablar con los chicos. Deberíamos invitar a nuestros pacientes a contarnos el día a día, pero ellos, no los padres".

Para finalizar, una de las profesionales contó que al escritor Luis Pescetti le llegó una carta de una nena recién operada. En la misiva le contaba que aprendió una de sus canciones cuando el anestesista se la cantó mientras la dormía para una intervención quirúrgica. Al menos sabemos que ella sobrevivió a tanta pena.

Fuente: nota del diario La Nación de Buenos Aires

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