lunes, 13 de junio de 2011

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La fiesta de la palabra en el Valle del Mezquital

Nos cuenta Amelia Domínguez

En Santiago de Anaya, municipio ubicado en el Valle del Mezquital, estado de Hidalgo, entre cardos, magueyales y mezquites se celebró la primera Fiesta de la Palabra, que congregó a cuentacuentos, teatreros, cantautores y poetas durante los primeros días de este mes de junio.

Uno de los participantes fue el músico Francisco Barrios “el Mastuerzo”, ex integrante del grupo Botellita de Jerez, quien ahora se presentó con su propia banda llamada “Los jijos del máiz”. Con su clásico estilo irreverente, Barrios, oriundo de Tulancingo, tierra también del escritor Ricardo Garibay, actuó el viernes 3 en la plaza principal, frente a la iglesia de la población, y aprovechó para anunciar el concierto que ofrecerá en los próximos días Botellita de Jerez en el teatro de la Ciudad, del Distrito Federal. El día anterior se habría presentado en el mismo foro el cantautor poblano Carlos Arellano.

La carta–invitación enviada por el organizador y poeta Venancio Neria, quien funge como secretario de Educación y Bibliotecas del municipio, definía la intención del encuentro: “fortalecer el acercamiento de los escolares del municipio y la región con los libros y la lectura por placer”, además de contribuir a elevar la calidad de vida del pueblo ñahñú y a reducir la migración hacia Estados Unidos. Ingentes responsabilidades estas últimas atribuidas a la lectura, a los libros, que más bien corresponden a la educación y al desarrollo social, pero por algo se empieza y en alguna medida el gusto por la palabra escrita, por la literatura, pueden en alguna medida contribuir a formar personas más reflexivas, ávidas de aprender y elevar su nivel educativo.

De hecho, no sólo es en este festival, sino a lo largo del año, varias son las actividades que se llevan a cabo en las escuelas de este municipio para fomentar la lectura: talleres de lectura, elaboración de libros cartoneros, círculos de lectura y de cuentacuentos; además, a un costado del Palacio Municipal se inauguró recientemente una biblioteca con un número considerable de libros, la cual fue bautizada con el nombre de “Elena Poniatowska”, acto al que asistió agradecida la destacada escritora.

En el primer Festival de la Palabra el público mayoritario, por lo menos hasta el viernes, estuvo integrado por escolares, desde preprimaria hasta bachillerato. El último día, el sábado 4, estuvo dedicado completamente a la poesía. Más de 60 poetas y varias editoriales independientes llegaron desde la Ciudad de México y de Pachuca a Santiago de Anaya, con todo y libros, entre éstas Verso Destierro, Amarillo, Quadrivium y algunas editoriales cartoneras que han proliferado no sólo en la República Mexicana, sino en otros países de América Latina y España, dirigidas por escritores en su mayoría jóvenes, como una manera de publicar sus propios libros y los de sus iguales.

La inauguración del encuentro de poetas se convirtió en todo un acontecimiento: se realizó una ceremonia ritual dentro de las grutas de Xoxafi, en un sitio cercano, rodeada de vegetación de desierto. Al llamado del caracol empezaron a descender los escritores al interior de la gruta, donde un grupo interpretaba música prehispánica. Luego, Venancio Neria leyó un poema que fue traducido al hñahñú por un joven nativo del lugar. Las percusiones del teponaxtle, el tambor y los alientos de la flauta y el caracol proyectándose en esas piedras añosas parecieron conectar los sentidos de todos los presentes con las divinidades, con los dioses tutelares de los indígenas de esa tierra durante el tiempo que duró la ceremonia.

Después de haber alimentado el espíritu tocó el turno al estómago. El menú: sopa de habas y quesadillas de quelites, huitlacoches, flor de calabaza y nopales, entre otras delicias. Y para beber, qué mejor que el néctar del maguey, agasajo de la región, un pulque curado de apio con guayaba, piña y manzana, receta local que obtuvo un premio en la pasada muestra gastronómica municipal, la cual ha proyectado a Santiago de Anaya a nivel nacional.

Por la tarde los poetas dejaron fluir las palabras en un maratón de lecturas que se desarrolló a lo largo de unas cinco horas, en donde esta narradora se sintió fuera de lugar, como un predicador en el desierto, aunque el paisaje estuviera ornado de cardos y nopaleras.

El año que entra, en el segundo festival –esperando que se realice, ya que en diciembre cambia la administración municipal ahora encabezada por Cliserio Ramírez– valdría la pena hacer una mayor difusión, tanto en el propio municipio como en Actopan e Ixmiquilpan, que son de los más grandes de la región e inclusive del estado, para que los objetivos de promoción de la lectura y el gusto por la palabra escrita trasciendan; por lo demás, debe reconocerse el interés y sensibilidad de este alcalde que a contrapelo de lo que hacen otros presidentes y ex presidentes municipales encamina los esfuerzos y recursos que administra, a desarrollar la cultura en la región y, desde luego, un agradecimiento a la iniciativa del poeta Venancio Neria, que en su reciente poemario La tristeza de papá Sabino reivindica sus orígenes y raíces ñahñús.

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