jueves, 24 de febrero de 2011

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Cuentos para crecer mejor

Desde diferentes disciplinas, el desarrollo de la narrativa, como espacio para los más chicos, es una suma de aciertos.

Cuentos para crecer mejor

No es preciso el papel ni un libro como objeto para disparar la imaginación de los chicos y emprender el vuelo fértil y fantástico que permiten los relatos.

jueves, 24 de febrero de 2011

“Érase una vez...” y la historia continúa, mientras los ojazos ingenuos vuelan al ritmo del orador y su cuento. Se trata nada, más ni nada menos, del hada madrina de los niños (aunque ellos no lo sepan): “La narrativa”.
Ese lugar en donde el cuento encuentra el espacio para colarse en la imaginación, hace congeniar las piezas del rompecabezas y... ¡Voilà!: el esqueleto cronológico, perfecto, se vuelve luz en la mente de los más chicos. Claro no es algo que se haga como por arte de magia. Como todo, es un proceso.
Aquí, en nuestra provincia y desde hace once años, existe un espacio no formal, que transita esos umbrales, y está orientado a los más chicos.
Pero: ¿cuáles son las riquezas que puede deparar a nuestros niños el placer de escuchar un cuento? En esta nota, opiniones de especialistas que nos ayudan a reconocer las bondades de este hábito milenario.


El hábito hace al niño
La narrativa es la especialidad literaria que se dedica a contar historias, eventos y sucesos, en diferentes modalidades. Y éstas tienen que ver con el cuento, la novela, la leyenda y el mito.
Todas poseen un factor común: la acción de narrar. Esto es: un trayecto contado que requiere un principio y un fin, y una secuencia de acciones en el tiempo, que constituyen el hilo narrativo.
Es a través del hilo narrativo que seguimos el curso de los acontecimientos, que se suceden a partir la descripción y el relato. Listo, hasta allí la mera teoría. ¿Pero de qué manera los más chiquitos incorporan esta secuencialidad temporal?, ¿cómo ayuda a su mente el hecho de relatar estos sucesos por medio del cuento?
Laura Estévez, profesora de enseñanza primaria y pre-escolar, especializada en didáctica de la narrativa infantil y la cabeza a cargo del espacio no formal “Laberinto” precisó: “desde los talleres, y con chicos cuya edad parte desde los dos años, trabajamos con una propuesta basada en la educación a través del arte. De esta manera el niño va formándose en el desarrollo de la lectura, con capacidad en la comprensión y producción de textos y la habilidad de desarrollar su potencial creativo”.
¿Cómo se aborda esta tarea?: “contando una historia, un cuento, para luego pedirles que lo vuelvan a contar -explica Estévez-. Este trabajo de hormiguita les va permitiendo incluir una estructura narrativa”.
Una vez que ésta es incorporada, los chicos también se apropian de una coherencia textual vinculada a un ordenamiento secuencial.
Sin embargo ese criterio es una semilla que crece si se riega de la mejor manera. Para Estévez “en los colegios las narraciones se trabajan de manera segmentada. En cambio la educación por medio del arte, en espacios no formales, logra la ‘integralidad’; ya que se abordan todos los lenguajes: como la plástica, la corporalidad, la oratoria, entre muchos otros”.
Es así entonces que por medio de estrategias lúdicas se logra que los niños se apropien, desde lo educativo, de los procesos cognitivos.
Las áreas artísticas que implican este proceso incluyen: la teatralidad (el niño puede emular las características de uno de los personajes; por ejemplo, un viejito), el recuento oral (en donde si ellos notan que el orador se salta algo de la historia, suelen pararlo y aclarar la parte olvidada), la reproducción de sonidos (se los puede grabar para que puedan luego escucharse), la plástica (utilización de disfraces, murales, títeres), la producción grupal (en la invención de un cuento).
Los pro -sin contras- de narrar historias a nuestros chicos, se vinculan con múltiples aspectos que van desde la comprensión y producción de textos y el amor por la lectura, hasta la estimulación de la creatividad; sin que por ello se identifique a ese espacio como un lugar relacionado con la escuela y sus obligaciones, sino más bien con el juego y sus formas de expresarse.


Lo lingüístico en el niño
Desde la mirada de Susana Hocevar, profesora titular de Didáctica de la Lectura en la UNCuyo, “la narratividad es un tema prioritario en el desarrollo lingüístico-cognitivo de los niños, porque son dos procesos que van juntos. El mayor crecimiento que logra el niño lo hace a través de la narración. Una de las tesis centrales que apoyamos es la de Bruner: ‘la narratividad es el eje central de la vida humana’”.


Si esto es así, nos preguntamos: ¿cómo desde muy pequeños los niños, en su proceso de adquisición de lenguaje y palabras, utilizan diversos aspectos de la narratividad? Nos responde la especialista: “La mayoría de las investigaciones destacan que el niño, por medio de los cuentos que escucha de su orador, aprende muchas cosas imprescindibles como descontextualizar, imaginar otros mundos, interpretar la intencionalidad y los estados mentales de los demás, descubrir distintas personalidades e intenciones”.
Muchas investigaciones sostienen que desde los 3 años los chicos pueden captar y conocer -por medio de los cuentos- las diversas posibilidades del mundo que los rodea.
“Para Bruner nuestro mundo es una narración. De manera cotidiana vivimos infinitas narraciones que van mutando a lo largo de nuestra vida. Está comprobado que desde los tres años los niños logran internalizar el esquema narrativo por medio de herramientas como los cuentos. Es decir: una estructura de todo lo previsible que va a suceder. Un principio al estilo ‘había una vez...’, personajes en un tiempo y un lugar determinado, un conflicto y un desenlace. Esta internalización les permite captar lo que es ‘normal’ de lo que no lo es. Definitivamente el poder de la narración es profundo y enriquecedor”, concluyó Hocevar.

Analía de la Llana - adelallana@losandes.com.ar

Fuente: Los andes

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