lunes, 27 de diciembre de 2010

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Volvieron los narradores de cuentos

por Mariano Wolfson

La narración oral es un arte ancestral, pero durante las últimas décadas se instaló nuevamente entre nosotros. Buenos Aires tiene diversos talleres y espacios donde se forman narradores de cuentos, y existen profesionales que llenan cafés, centros culturales y bibliotecas. Radiografía de un movimiento que crece.

Las Cuentandantes son narradoras orales egresadas del Instituto Argentino de Narración Oral.

Las Cuentandantes son narradoras orales egresadas del Instituto Argentino de Narración Oral.

En una época en que la TV e Internet fagocitan la atención y proponen modos de relacionamiento a distancia, hay señales –como el resurgimiento del interés por la narración oral- que hablan de otras búsquedas. Pero claro: las alternativas tecnológicas o "massmediáticas" son tan invasivas que la narración de cuentos, con su tono intimista, necesita que se la cuide y cultive. La buena noticia es que Buenos Aires tiene hoy un incipiente movimiento de “cuentacuentos” que vienen formándose en talleres e instituciones especializadas y parecen obstinados en perpetuar este arte.
Es un movimiento que tiene su historia y cuyos inicios muchos sitúan en los años 60, con el trabajo de revalorización del cuento infantil y juvenil que realizaron dos pioneras –Dora Pastoriza y Martha Salotti- en el  Instituto Summa, con foco en la educación y el entretenimiento, pero también en el trabajo con la comunidad. Los espectáculos de narración oral, no obstante, tendrían que esperar hasta los años 80 para ver la luz en nuestro país, primero con propuestas como las de Juan Moreno y María Héguiz, y luego con los trabajos del grupo “Los Cuenteros” (conformado entre otras por Ana María Bovo, Juana Larrosa, Marta Lorente, Elva Marinangeli, Baby Fernández Cid, etc.) y también de Ana Padovani; todos ellos comenzaron a llevar este arte a espacios escénicos y a abrirlo a temáticas para adultos. Ya en 1996 se realizó el Primer Encuentro Internacional de Narración Oral en la Feria del Libro de Buenos Aires, con talleres de formación y mesas redondas, que se sigue sosteniendo y al que en las últimas ediciones asistieron entre 600 y 800 personas de todo el país.

Singularidades locales

En la Argentina la narración oral adquirió trazos muy singulares: por lo común los narradores son urbanos y utilizan textos provenientes de la literatura; y por otro lado el público está conformado mayormente por mujeres adultas. “Muchas veces en el país utilizamos como fuente a la literatura escrita (recreamos textos y los llevamos a la oralidad). Esto no se hace en ninguna otra parte y genera bastante controversia con los escritores: en muchos casos es algo muy valorado, y en otros resistido (ya que los literatos no quieren ver alteradas sus creaciones). Hay que tener en cuenta que los narradores orales deben fidelidad a la historia, pero no necesariamente al texto, ya que trabajan con otros soportes (como la gestualidad, los silencios, la voz, el cuerpo, etc.)”, apunta Blanca Herrera, directora del área de Oralidad de Casa de Letras.
En otras latitudes, como en Colombia, el movimiento nació en un contexto universitario e  incluye a muchos jóvenes, entre los cuales abundan los varones; además se narran cuentos provenientes de la tradición oral o popular. Y en grandes ciudades europeas como París, Londres y otras, también se relatan cuentos tradicionales: “Allí hay corrientes inmigratorias con mucha tradición, -como son la árabe y la africana- que no precisan apelar a ninguna otra fuente más que la propia; hacia fines de los 60 o comienzos de los 70 estos inmigrantes ya totalmente asimilados a Europa rescataron su ascendencia y origen a través de la narración oral como fenómeno escénico, el cual rápidamente se instaló como una propuesta que se paga muy bien y tiene un reconocimiento, sobretodo en el ámbito pedagógico y cultural”, comenta la narradora y actriz Ana Padovani.
Otra singularidad que señalan los referentes es que en la Argentina, al haber tanta gente formándose (especialmente desde el año 2000, en que la actividad comenzó a difundirse e incluso a verse como una salida económica), son muchos los que se lanzan a hacer espectáculos, acaso precozmente. Esto da como resultado que por momentos haya demasiada oferta y no siempre de buena calidad, y que el público que recién se acerca a esta manifestación confunda el nivel de una propuesta en particular, con las posibilidades del género en general, lo cual conspira contra la generación de un público consistente para estos espectáculos.

Espacios de formación

Aunque este es un espacio aún en gestación en lo que refiere al ámbito artístico, en el plano social, el hecho de que abunde la gente que desea formarse habla de un renovado y muy saludable interés por contar cuentos. Para muchos docentes es una herramienta de trabajo (que les permite capturar a su “público” con recursos simples): “Actualmente incluso en muchos diseños curriculares de los profesorados está apareciendo el taller de narración oral como materia, lo cual me parece bárbaro porque a los estudiantes que van a ser maestros les sirve tanto para contar un relato como para adquirir una cierta fluidez al hablar”, apunta la narradora Marta Lorente. Además hay otros ámbitos donde la narración oral también se despliega y efectúa un valioso aporte, como por ejemplo el hospitalario, las instituciones de tercera edad, bibliotecas, centros culturales, etc.
Además de los talleres particulares de distintos referentes, hay un par de instituciones que impulsan la capacitación: el Instituto Summa, por ejemplo, dicta talleres de narración para todo público, en tanto que Casa de Letras ofrece una formación teórico-práctica de tres cuatrimestres y luego una tutoría para supervisión de espectáculos. El Instituto Argentino de Narración Oral (ADENO) solía dictar una tecnicatura, pero actualmente se halla en un impasse (en el 2011 relanzaría su propuesta bajo una modalidad diferente). Además, la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la Universidad Nacional de La Plata cuenta con una cátedra libre de Narración Oral desde hace once años.
Pero, ¿en dónde radica la importancia de que este fenómeno perviva y se multiplique? “En esta comunicación de persona a persona que se da al contar un cuento, hay algo de lo interpersonal que se juega, donde de alguna manera se recupera eso que tenía la narración en el pasado, donde había ciertos valores que se transmitían... Asimismo esta actividad ayuda a desarrollar la capacidad de escucha, cosa que tenemos bastante deteriorada”, destaca Lorente.
Queda claro entonces que, en el afán de recuperar formas de comunicación diferentes, el cuento sigue siendo una herramienta poderosa: “El estímulo que nos da trabajar en este tema es que implica ir al rescate de una de las pocas actividades conviviales que nos quedan, aquellas en las que las personas están juntas compartiendo un  momento y una manifestación  artística –completa Herrera-. Por ello no creemos sólo en la narración oral como espectáculo, sino también en sus aplicaciones en el aula, en la salud (para acompañar enfermos), en distintas profesiones y para vincularse con los niños”.

FUENTE: NOTIO

1 comentario:

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    - David

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