lunes, 13 de septiembre de 2010

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Nicolás Buenaventura para el Déjame que te cuente

Fue hace varios años, recuerdo que llovía en Lima… Sí. Parece un recuerdo inventado… Lo sé, pero habría que decir, para empezar, que todos los recuerdos son inventos. La memoria es una máquina para inventar recuerdos. Y agregaría que, de todas formas, sí que llovía. Me habían dicho que en Lima no llovía, nunca, pero esa tarde llovía. Era lluvia… aunque puede ser que fuera eso que allá llaman garúa y que en el Valle del Cauca llamamos miaditos de ángel, pero era una garúa persistente y que, llámese como se llame, mojaba. Esa fue la primera experiencia: la garúa limeña, o por lo menos esa que me recibió, sí era lluvia y mojaba.

En aquellos años fui en cuatro ocasiones al Perú, por distintas razones, y quedé fascinado con el país y la gente. Recuerdo que me impresionó mucho el colchón de nubes que gravita sobre la ciudad de Lima, con promesas de aguacero que casi nunca cumple. Imaginé que los pilotos, cuando sobrevuelan la zona deben calcular: por aquí está Lima, y en ese momento cierran los ojos y se zambullen para ir a encontrar la pista de aterrizaje. En las estaciones en las que estuve, el colchón de nubes era tan denso que se me ocurrió pensar que los limeños piden un deseo no cuando ven una estrella fugaz sino cuando ven una estrella.

Una de las primeras cosas que hice fue decirme, de memoria, uno de los poemas más hermosos que he leído: Los pasos lejanos. Estaba en la tierra de ese señor poeta que volvió a inventar la lengua que me inventó.

Mi padre duerme. Su semblante augusto
figura un apacible corazón;
está ahora tan dulce…;
si hay algo en él de amargo, seré yo.

Hay soledad en el hogar; se reza;
y no hay noticias de los hijos hoy.

Mi padre despierta, ausculta
la huída a Egipto, el restañante adiós.

Está ahora tan cerca;
si hay algo en él de lejos, seré yo.

Y mi madre pasea allá en los huertos,
saboreando un sabor ya sin sabor.

Está ahora tan suave,
tan ala, tan salida, tan amor.

Hay soledad en el hogar, sin bulla,
sin noticias, sin verde, sin niñez.

Y si hay algo quebrado en esta tarde,
que baja y que cruje,
son dos viejos caminos blancos, curvos.

Por ellos va mi corazón a pie.

leer más en  "Déjame que te cuente" Festival de Narración Oral Perú

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