viernes, 23 de abril de 2010

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Muchos programas para pocos lectores- México

 

Hay decenas de proyectos públicos y privados de fomento a la lectura, pero sólo se leen tres libros al año por persona

Maratones de lectura, rallys sobre ruedas, lectores en el transporte público, centros comerciales y hospitales; creación de cuentos colectivos, policías y bomberos lectores, libros que se abandonan en espacios públicos, libros que deambulan por algunas líneas del Metro, susurradores, narradores orales, ventas nocturnas y un sinfín de eventos que suman centenares de actividades oficiales y ciudadanas, todas organizadas en el marco del Día Internacional del Libro.

En este país, donde se habla de bajos índices de lectura basados en una Encuesta Nacional presentada en 2006, que dice que los mexicanos leemos 2.9 libros al año, la situación relacionada con el libro y la lectura es de contrastes: hay falta de definición porque no rige aún la Ley de Fomento para la Lectura y el Libro -el Reglamento aún no se aprueba- y priva la lectura por obligación y no por placer. Sin embargo, México es un país en el que se multiplican los programas y estrategias de fomento a la lectura, tanto oficiales como no oficiales.

Pocos están de acuerdo con los indicadores que se usan para las mediciones de lectura entre los mexicanos, muchos los califican de “un poco arbitrarios” por dos razones: porque se toman en cuenta los libros escolares y sobre todo, porque el principal indicador de la medida es por libro vendido, que se divide por el número de habitantes. Es una medición que no considera los múltiples lectores que leen el mismo libro o el número de libros que se leen en las bibliotecas.

En eso no tiene duda Héctor Chávez, director general de Librerías Educal, del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta). Él acepta que no se lee tanto como quisiéramos y por eso dice que hay que promover el hábito de la lectura. “Se lee con un fin utilitario porque nunca nos dijeron que debemos hacerlo porque leer es un derecho, porque tenemos derecho a desarrollar nuestra imaginación con la lectura”.

Cultivan las letras por todo el país

A pesar de las estadísticas, la nación que es orgullosa de tener una red con más de siete mil bibliotecas públicas, que se suman a las pequeñas bibliotecas escolares y de aula y a las más de 3 mil salas de lectura, emprende desde la iniciativa privada, ciudadana o institucional, estrategias de fomento a la lectura en grandes ciudades y hasta en pequeños municipios del país; entre niños o entre policías y bomberos, sobre las ruedas de un bicicleta o de una carretilla que avanza cargada de libros; en hospitales del sector salud o en calles, parabuses o centros comerciales cercanos a donde hace unas horas se ha escenificado un hecho violento.

Las formas por contagiar la lectura en México son diversas y originales. En Tabasco, los promotores de una sala de lectura salen todos los días a ofrecer los libros a domicilio, tocan a la puerta y narran un poco la historia con la esperanza de que el habitante acepte quedarse con el libro; en ciudad Nezahualcóyotl, en el estado de México, se gestó un sueño: volver lectores a los policías municipales; los logros fueron celebrados a nivel mundial hasta que uno de los presidentes municipales acabó con el proyecto.

En Recoveco, un pueblo de Sinaloa, el profesor Cruz Hernández Fermín, junto con sus alumnos del CBTA 133, creó el club de lectura “La Hojarasca” en homenaje a Gabriel García Márquez. El maestro tuvo la osadía de intentar comunicarse con el Premio Nobel de Literatura sin suerte, pero un buen día, a la caseta del pueblo le llamó el escritor colombiano, quien desde esa fecha, año con año, envía un pequeño cargamento de libros.

Pero no para todos es sencillo a pesar de la labor loable. En Ciudad Juárez, el colectivo Palabras de Arena, que coordina Ivonne Ramírez, trabaja en medio de la violencia. Tras un hecho de sangre, el colectivo toma el lugar para hacer lecturas, como una manera de que la sociedad vuelve a hacer suyo esos espacios.

Ganas de contagiar el entusiasmo

En la ciudad de México, las labores son muchas y aunque las más emblemáticas sigue siendo las que emprendió la promotora Paloma Saiz Tejero con proyectos como Para leer de boleto en el metro, Sana, sana leyendo una plana, Letras en guardia, Letras en llamas y los tianguis de libros que la Secretaría de Cultura mantiene en su programa de fomento a la lectura, las iniciativas a favor de la palabra son muchas y más.

Hay ofertas tentadoras, como aquella que el Fondo de Cultura Económica (FCE) ha llamado Primer Rally ciclista Cómo leer en bicicleta. Pedalea... a fondo, que Gerardo Jaramillo, director comercial de esa cada editorial, define como una actividad lúdica de paseo para jóvenes mayores de 18 años y un homenaje a Gabriel Zaid, por el título del evento.

“Es un rally enigmático, los chicos van a recibir una pregunta, uno la resuelve y el otro pedalea hasta una sede relacionada con el libro en el corredor Roma-Condesa y regresa para cambiar de lugar con su compañero”, explica Jaramillo.

Hay otras actividades originales. Cerca de tres librerías del FCE, un grupo de actores tomarán transportes y espacios públicos para leer un poema, un cuento o un fragmento de novela a los ciudadanos de a pie, para que no se queden sin estar cerca de los libros. O aquella otra estrategia de lectura que realizará el Conaculta en el sendero Reforma, donde se escribirá un cuento colectivo en grandes rollos de papel y donde continuarán la historia que inicien los escritores José Agustín y Alberto Chimal.

Una labor de hormiga

Paloma Saiz Tejero, que a partir de su renuncia a la Secretaría de Cultura del Distrito Federal creó la asociación civil Brigada Cultural “Para Leer en Libertad”, asegura que el fomento a la lectura no es una cosa que dé glamour.

“Se trata de una tarea muy de hormiguita, en los barrios, con la gente en el Metro, en los hospitales; no son las grandes inauguraciones ni las grandes puestas en escena”, comenta.

Sin embargo, muchas personas se dedican a esta tarea, ya sea desde las salas de lectura del Conaculta, que es un programa basado en el voluntariado, o desde las acciones ciudadanas. Héctor Chávez no le quita méritos a las Bibliotecas de Aula y a la Red Nacional de Bibliotecas, pues dice que “la infraestructura bibliotecaria del país compite con la de cualquier nación del mundo. Somos una potencia cultural y lo que hace la lectura es que seguimos avanzado y poco a poco se irán abatiendo los indicadores negativos de lectura”, afirma el funcionario.

Pero a pesar de las buenas acciones y del trabajo incansable que desde la ciudad o las comunidades se realiza -susurrando historias al oído, haciendo maratones de lectura ininterrumpida de Los relámpagos de agosto, de Jorge Ibargüengoitia, en decenas de sedes del país- hace falta mucha labor a favor de la lectura.

FUENTE: El Universal

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