miércoles, 14 de abril de 2010

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El narrador oral del África

 

La narrativa oral incluye no sólo la historia a ser contada, sino también la dramatización de la misma, que se manifiesta a través de una amplia gama de recursos expresivos: recitativos, danza, música y canciones, coros y mímica. Todas estas expresiones se integran en torno a la historia narrada, pasando a constituir una totalidad estética.

La expresión individual se complementa con la expresividad del grupo, transformándose las más veces en quehacer colectivo, que requiere de la participación de todos o de algunos miembros específicos de la comunidad. En algunas culturas se considera a los ancianos como los narradores por excelencia, debido a la mayor experiencia acumulada. Así por ejemplo, una de las ceremonias más relevantes del pueblo Zulú, "La Danza de los Ancianos y los Ancestros", es ejecutada por los miembros mayores de la comunidad, ya que son ellos quienes - en virtud de su edad - se encuentran más próximos al estatus de los ancestros. Esta danza combina el sentido cósmico del tiempo, que se expresa en el uso de movimientos lentos, con un tamborileo que representa el eco interno de la tierra y que constituye uno de los símbolos más poderosos del crecimiento[1].

La creatividad cotidiana no excluye a las mujeres, ni a los jóvenes ni a los niños, hecho que no impide la especialización ni atenta contra la creatividad individual. Entre los narradores más especializados se cuentan aquellos designados para hacer el panegírico de un reino o de un grupo dominante. Según expresa Ruth Finnegan[2], estos narradores son básicamente poetas y su función es la de preservar la historia y la genealogía de las cortes reales. "Lo que siempre aparece en las producciones de estos poetas de las cortes - señala la autora- es el aspecto adulatorio, dando lugar a una poesía de profunda significación política, utilizada como instrumento de propaganda, presión o comunicación". Otra forma de especialización es la condicionada por la división social del trabajo dentro de la comunidad. De acuerdo a ella, se adscriben tareas específicas a cada sexo y grupo de edad, lo que determina asimismo una especialización en la narrativa.

Como manifestáramos anteriormente, el narrar historias es un arte en el que no sólo cuenta el texto, sino la interpretación del mismo. Es en esta interpretación que el narrador adquiere su fama. El arte de narrar en las comunidades orales se ejercita desde muy temprana edad y requiere, como todas las destrezas, del aprendizaje y de la experiencia. Mbaga, narrador Igbo - decidido a familiarizarse con la técnica de "comer y vomitar palabras"- se propuso escuchar y aprender de los narradores más reputados de la vecindad. Su empeño no se limitaba a la memorización de la historia, sino primordialmente al arte de dirigirse a su auditorio[3]. Experiencia similar es la de Kabebe, narrador Gikuyo, quien empieza su entrenamiento con sus compañeros para luego completar su aprendizaje escuchando a su tía, una de las narradoras más connotadas de la comunidad. "Eran lindas veladas" - expresa Kabebe - señalando que fue en ese período que aprendió la mayor parte de las historias de su repertorio[4]. En Mali, el narrador que detenta el título de "Belen-Tingui" constituye una especie de "guardián de la historia". “Vehículo de la palabra y depositario de un saber que se remonta a la antigüedad", debe someterse al arte de la oratoria histórica durante largos años [5].

Una de las características más sobresalientes de la literatura oral es la variabilidad verbal[6]. A fin de realzar la belleza o el interés de las ideas contenidas en un poema o en una historia, el narrador puede recurrir a distintas formas de verbalización, lo que unido a la dramatización personal que el artista hace de la obra literaria, genera un producto diferente cada vez. El sello personal o estilo del narrador es tan importante, que algunas investigaciones sobre literatura oral están orientadas a comparar las modalidades expresivas que distintos autores hacen de un mismo relato[7].

En lo que respecta al sexo del narrador, no pareciera haber, por lo general, preferencias por narradores de uno u otro sexo. El poeta sudafricano Mazisi Kunene cuenta que la concepción y creación de su grandiosa épica, "The Anthem of Decades" fue influenciada por su bisabuela Maqadenyana, de la familia de los Ntuli. "Ella era una de las mejores historiadoras orales y narradoras de leyendas que jamás he conocido", afirma Mazisi Kunene. Maqadenyana, depositaria de un patrimonio cultural ancestral, siempre concluía sus historias con las siguientes palabras: "El secreto de la antigua sabiduría subyace en el nombre de las cosas y en sus significados ya olvidados".

Parafrasenado las palabras de su bisabuela, Mazisi Kunene señala que sus estudios posteriores sobre las creencias y filosofía Zulú le han demostrado cuÁn poco se conoce sobre las estructuras de pensamiento que subyacen al sentido originario de las palabras. Por consiguiente - expresa - "es a través de su estudio que se puede rastrear y reconstituir algunos de los fundamentos filosóficos de la cultura".

La importancia asignada a la narrativa oral en la transmisión de las normas y memoria de la colectividad y el papel desempeñado por la mujer en la preservación del patrimonio cultural, recuerdan manifestaciones similares en las comunidades quechuas y aymarás en Latinoamérica. " En dichas comunidades- manifiestan investigadoras del Taller de Literatura Oral, en la Paz, Bolivia, la mujer es la depositaria por excelencia en la esfera de la resistencia cultural, tanto en su actividad de tejedora como en su especialización ritual, la mujer produce activamente símbolos e interpretaciones que constituyen una parte importante del bagaje cultural de la comunidad". Como hicieran notar estos investigadores, "el mito, como categoría de pensamiento histórico tiene en la mujer yatiri una de sus portadoras más fieles y creativas"[8].

Niños y niñas, jóvenes y adultos de ambos sexos pueden convertirse en narradores y rodearse de un auditorio expectante y receptivo siempre que sean sensibles a las demandas y características de los oyentes. Así, como señalan Kichamu Akivaga y refiriéndose a la narrativa de su propia región, si el narrador se está dirigiendo a un auditorio de niños, no sólo utilizará un lenguaje claro y simple, sino que hará gala de distintos trucos tendientes a aumentar la emoción y el entretenimiento. Por ejemplo, utilizará un tono de voz y mímica diferente para cada uno de los personajes representados en la historia, o repetirá episodios y palabras para provocar diversos efectos narrativos: a veces una repetición que emplea largas frases y sentencias puede evocar el sentido dramático del episodio y hacer sentir que éste se desarrolla en una larga secuencia de tiempo. En otros casos señala el ir y venir del héroe y contribuye a hacer sentir a la audiencia la frustración que éste experimenta en su infructuoso quehacer. La técnica de la descripción detallada de los acontecimientos, minuto a minuto, contribuye a darle a la historia un aire de verosimilitud, facilitando de este modo la identificación del personaje. Cada descripción o repetición minuciosa requiere un cambio de énfasis que exige del narrador el uso de sus manos, de su cuerpo, de sus pies, de su expresión facial. Tono, velocidad, canciones, onomatopeyas, contribuyen a hacer la narración más vívida y atractiva[9].

Según los autores ya señalados, serán eximios narradores quienes "sean capaces de tender un puente entre el mundo del ayer y el del mañana", apuntando con esta aserción no sólo a la calidad del narrador, sino también a la relevancia social y cultural de la literatura misma.


[1] Mazisi Kunene, 1981: Anthem of Decades. A Zulu Epic Dedicated to the Women of Africa. UNESCO. Collection of Representative Works. African Authors Series. Heinemann. Great Britain.

[2] Ruth Finnegan, 1976: Oral Literature in Africa. Oxford Library of African Literature. Oxford University Press, Kenya.

[3] Rems Nna Umeasiegbu, op. cit.

[4] Wanjiku Mukabi Kabira, 1983: The Oral Artist. Heinneman Educational Books. Nairobi, Kenya.

[5] D.T. Niane, 1965: Sundiata. An Epic of Old Mali. Longman Drumbeat. Humanities Press. Great Britain.

[6] Ruth Finegann, op. cit.

[7] Wanjiku Mukabi Kabira, Op. Cit.

[8] Taller de Historia Oral Andina, La Paz, 1986: La Mujer en la Lucha Comunitaria: Historia y Memoria. UNRISD, Ginebra.

[9] S. Kichamu Akivaga y A. Bole Odanga, op. cit.

Extracto de una investigación de la organización eurosur

Para leer algunos cuentos africanos busquen acá en Cuentos

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