domingo, 20 de septiembre de 2009

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DEL POR QUÉ Y EL VALOR DE LA NARRACIÓN ORAL

“No es importante como fue nuestra historia, lo importante es

como la recordamos para contarla, para contárnosla”

(Gabriel García Márquez)

Al contarnos y contar nuestras historias encontramos un lugar, adquirimos sentido, hallamos soluciones posibles a lo que nos parece imposible, Coincido con Jerome Brunner cuando señala la importancia de la narración para la cohesión de una cultura sea tan grande como lo es para la estructuración de la vida de un individuo.

Cuando Peter Pan le dice a Wendy que podría enseñar a contar historias a los Niños Perdidos de la tierra de Nunca Jamás, le dice: “Si supieran cómo contarlas, los Niños Perdidos podrían crecer”

Niños, jóvenes e incluso adultos, muchos de ellos (sobre todo los más carenciados) tan perdidos como estos niños, también necesitan aprender a “contar sus historias”

Todos y en todos los tiempos enmarcamos las explicaciones sobre nuestros orígenes culturales y nuestras más celebradas creencias en forma de historia, y no es sólo el “contenido” de estas historias lo que nos engancha, sino su artificio narrativo. Nuestra experiencia inmediata, lo que sucedió ayer o el día anterior, está enmarcado en la misma forma relatada. Incluso representamos nuestras vidas (así como las de otros) en forma de narración. Los mismos psicoanalistas reconocen actualmente que la persona implica narración, siendo la “neurosis” reflejo de una historia ya sea insuficiente, incompleta o inapropiada sobre uno mismo. Los neuróticos serían aquellas personas donde la flexibilidad está disminuida y por lo tanto mantienen puntos de vista rígidos y no generan teorías que les permitan integrar los eventos perturbadores a su trama narrativa. En la psicosis se ve una interrupción absoluta del proceso de continuidad de la trama narrativa. Vemos entonces cuanta importancia adquiere la posibilidad de narrar y compartir como medio para poder reorganizar la historia personal, comunal, social y a partir de allí encontrar motivaciones de integración tanto a nivel individual como grupal.

Las historias orales nos permiten crear una dimensión metafórica de la vida cotidiana, nos conectan con nuestra infancia y tienden puentes con los demás.

Desde siempre la oralidad está en la base de todo, y por tanto no puede ser sustituida porque enseña a imaginar, que es enseñar a relacionar: Y relacionar tiene que ver con la vida, no sólo con el arte y la literatura, sino también con la ciencia y la tecnología.

©Ana Cuevas Unamuno